lunes, 1 de enero de 2018

Segunda reflexiones a la porción “Y se acercó” - Vayigash – Génesis 44:18 al 47:27 - Ministerio Cerca del Cielo

Segunda reflexiones a la porción “Y se acercó” - Vayigash – 

Génesis 44:18 al 47:27 - Ministerio Cerca del Cielo
Génesis 45: 1 nos muestra un cuadro muy importante, el cual no sólo tuvo implicancias en aquellos eventos que hacen a la vida de José, sino que también tuvo relación con el Mesías. Incluso tendrá relación con los últimos días (ajarit hayamim). Veamos qué dice:

“No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.”
Este pasaje es muy significativo, pues ningún miembro de Egipto queda presente en la sala donde la familia de José se encuentra reunida.
Escribí que tiene relación con el mesías, lo cual podemos ver en el libro de los Hechos cap. 10: 40 al 41
“A éste levantó Elohim al tercer día, e hizo que se manifestase;  no a todo el pueblo, sino a los testigos que Elohim había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos.”
Como ya he escrito en José tenemos una sombra  profética de Yahshúa encontrando muchísimos paralelos. En esta cita del libro de los Hechos, tenemos la revelación de Yahshúa a sus discípulos en palabras de Pedro.
Ahora bien ¿Por qué también esto es relevante para nosotros, que nos encontramos viviendo los ajarit hayamim, los tiempos del fin?
Veamos algunos puntos.
Esta porción de las Escrituras comienza con la frase “Y se acercó…” en ella se hace referencia a Judá que toma el coraje de hablar a José, Génesis 44:18
“Entonces Judá se acercó a él, y dijo: Ay, señor mío, te ruego que permitas que hable tu siervo una palabra en oídos de mi señor, y no se encienda tu enojo contra tu siervo, pues tú eres como Faraón.”
En este texto hay tres personas implicadas. Judá, José implícitamente que está escuchando y el Faraón nombrado indirectamente.
Pensemos por un instante en las 4 últimas palabras “tú eres como Faraón…”. Recordemos Juan 14: 9
“Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?...”
Cuando Judá reconoce la autoridad de José que proviene de estar en lugar del faraón, se está haciendo una relación profética con Yahshúa, pues Yahshúa mismo dice que quien lo ha visto a él, ha visto al Padre.
Ahora bien, puesto que esto está claro veamos entonces cuál es la relación profética para nuestros tiempos.
Nuestros hermanos de la Casa de Judá (mayormente judíos) han rechazado a Yahshúa desconociéndolo como el Mesías prometido. Entendamos que no lo han conocido como el Mesías de Israel. O sea no han reconocido quién es.
Pues bien, en el pasaje en cuestión, Judá (que simbólicamente representa en los tiempos del fin a toda la casa de Judá), aun no reconoce a José. Pero da un importante discurso el cual es escuchado por José. En este discurso se produce un hecho fundamental en la vida de Judá. El cual es hacer “tikún”.  Ahora me explicaré para que se entienda el concepto.
Muchos hemos tenido la posibilidad de asistir a reuniones, de origen cristiano, donde algunas personas conmovidas por descubrir el mal camino que sus vidas han seguido pretenden cambiar. Es así que se acercan a un escenario o púlpito y hacen una oración de reconocimiento del Salvador y se comprometen a seguirlo. Todo lo cual por supuesto en principio es muy bueno. Pues mal puede una persona cambiar su vida si primero no reconoce que mal ha obrado hasta ese momento. El problema que vemos es que en gran parte de las ocasiones (la mayoría), esa persona no recibe la indicación de que para que su reconocimiento sea válido, debe rectificar el mal obrado.
Pensemos por un instante en un ladrón de vehículos que se conmueve por una predicación grandiosa, se acerca al estrado del predicador, hace una oración y se compromete a seguir a Jesús. Todo muy bien. Pero la verdadera teshuvá (el verdadero arrepentimiento) requiere que la persona repare el daño ocasionado. Un ejemplo conocido por todo cristiano lo explicará mejor que mis palabras. Veamos Lucas 19:8
“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.”
Todos conocen este pasaje. Zaqueo que, aunque no la haya practicado, conoce la justicia de la Toráh (Instrucción) sabe que no alcanza con hacer una oración frente a un estrado. Sino que si no hace reparación (Tikún en hebreo) su supuesta conversión son sólo palabras huecas.
Esto es lo que estamos viendo en el pasaje de Génesis con Judá. Recordemos que fue él quien promovió la venta del hermano, Génesis 37:26-27
“Entonces Judá dijo a sus hermanos: ¿Qué provecho hay en que matemos a nuestro hermano y encubramos su muerte?
Venid, y vendámosle a los ismaelitas, y no sea nuestra mano sobre él; porque él es nuestro hermano, nuestra propia carne. Y sus hermanos convinieron con él.”
Confrontado con lo que ha sido su mal obrar en la vida, ahora no sólo se arrepiente de lo hecho, sino que además se coloca ahora en lugar de Benjamín para que no sea tomado como siervo, Génesis 44:33
“te ruego, por tanto, que quede ahora tu siervo en lugar del joven por siervo de mi señor, y que el joven vaya con sus hermanos.”
Quizás no veamos la profundidad de las palabras de Judá. Pero él no está diciendo que Tsafnat Paneaj lo emplee como trabajador por un tiempo, o que se va a quedar a ayudar en su casa. Voluntariamente se ofrece como siervo.
¿Por qué esto es importante para nosotros? Porque a continuación de este “tikun” reparación que inicia Judá, es que su hermano José se revela. Si pensamos en los tiempos del fin, es fundamental el reconocimiento de la casa de Judá, mayormente de los judíos, de lo que han hecho con el Mashíaj, para que este se revele a todos. En primer lugar a sus hermanos, las tribus de Israel y luego a todo el mundo.
Esta revelación será un punto de quiebre como no ha habido antes, pues el llanto será escuchado por todas las naciones; Génesis 45:2
“Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón.”
Los egipcios están representando a todos los gentiles del mundo que también tendrán la revelación del Mesías de Israel y el faraón en este caso representa a los gobernantes del mundo.
Ahora vemos sí, que al igual que José no fue reconocido por sus hermanos la primera vez que ellos fueron y sí lo reconocen en la segunda visita. De igual forma aquellos que no lo reconocieron en su primera venida, lo reconocerán en la segunda.
Hay algo que quiero remarcar. El hecho de que se reveló como lo indica Génesis 45:1
“Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.”
Hay un punto muy importante en la profecía de Zacarías 13:1-2
“En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.
Y en aquel día, dice YHWH de los ejércitos, quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados; y también haré cortar de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia.”
Todos  conocemos las profecías que nos hablan de un encuentro final donde las naciones se dirigirán en contra del Ejército de Israel. Pero no nos preguntamos ¿Cómo es posible que tantos países se alíen en contra de esa nación? ¿Por qué por ejemplo es posible que Italia o España, por dar ejemplos, suban contra Israel?
La respuesta está en que no advertimos lo que Zacarías nos está diciendo. Antes de que las naciones suban en contra de Israel, habrá en esa nación lo que en América se llama por lo general, un avivamiento espiritual.
Habrá “…purificación del pecado y de la inmundicia…”. Pensemos por un instante en lo que ello significa. Por ejemplo la destrucción de discotecas, de lugares de recreación sexual, de mitines y agrupaciones de homosexuales. ¿Cómo pensamos que van a reaccionar los países de las democracias liberales occidentales?
Dice que “…quitaré de la tierra los nombres de las imágenes, y nunca más serán recordados…”. Pensemos por un instante en lo que eso significa. ¿Saben las decenas de iglesias católicas, armenias, ortodoxas, etc. que hay en Israel? Cuando el avivamiento en Tierra Santa ocurra y todos esos centros de idolatría sean derribados y sus miembros emplazados a irse ¿Cómo creen que reaccionarán los países de los cuales ellos provienen?
También establece que “…y también haré cortar de la tierra a los profetas y al espíritu de inmundicia…” ¿Cómo reaccionará “el mundo” cuando los falsos profetas sean ajusticiados?
En ocasiones se espiritualiza demasiado las cosas y se olvida lo concreto de la palabra. Pues bien, este avivamiento, este volver de “Judá” por el santo camino, hará que sólo queden los verdaderos hermanos, Génesis 45:1
“Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos.”
No quedará nada de la porquería y la inmundicia que ha contaminado a Israel y en ese momento, el cual comenzará con el acercamiento y reconocimiento de Judá de que ha ido por un mal camino, en ese momento así como José con sus hermanos, Yahshúa el Mesías de Israel se dará a conocer.

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