domingo, 14 de enero de 2018

Segunda reflexión a la porción Shemot “Nombres”, Éxodo 1:1 al 6:1 Ministerio Cerca del Cielo

Segunda reflexión a la porción Shemot “Nombres”, Éxodo 1:1 al 6:1

Ministerio Cerca del Cielo
Éxodo 1:8 “Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José…”
El libro de Bereshit (Génesis) culmina con un panorama más que positivo. Pues en este tenemos a la descendencia de Israel habitando en forma confiada y segura en Egipto.
Pero ahora, aun cuando en los límites del papel de la Biblia sólo se han dado vuelta dos páginas, en la historia han pasado alrededor de 400 años. Han muerto José, sus hermanos y toda la generación que vio cómo todo Egipto, la familia de Jacov y gran parte del mundo conocido se han salvado merced a la intervención y guía de José.
Y un nuevo monarca ha llegado al poder en esa nación. Un monarca “…que no conocía a José…”
En comentarios anteriores hemos dicho que José es una sombra, una imagen profética de Yahshúa el Mesías de Israel.
También hemos analizado el por qué de que sus hermanos no conocieran a José en su primera visita a Egipto. Pues quien estaba delante de ellos no era en apariencia su hermano José sino el virrey egipcio Tsafnat Paneaj. Quien en nada se parecía al hermano perdido. También hemos visto como ello es una imagen profética de Yahshúa y cómo sus hermanos no lo conocen con su investidura gentil.
Pues bien, aquí lo que se da es el proceso inverso. Ha llegado al poder un Faraón que no conoce a José. Pero no se nos dice que no conociera a Tsafnat Paneaj.
Un Faraón era una persona tremendamente ilustrada. Recibía todo el conocimiento que se podía obtener en esas épocas. Era versado en ciencia, historia, economía, religión, etc. Y por supuesto conocía la historia, en el caso en particular de los reyes hicsos que se habían relacionado con pueblos asiáticos y que habían tenido en los israelitas un gran aliado. A estos hace referencia el nuevo faraón al temer según Génesis 1:10:
“…que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra.”
Entonces lo que aquí tenemos es a un rey que no conoce al José hebreo. No tiene su imagen hebrea, ni conoce a su Dios hebreo, ni conoce las maravillas que el cumplimiento de las Instrucciones de su Elohim ha traído a su tierra egipcia.
Sólo conoce al egipcio Tsafnat Paneaj. Pero es necesario también que tomemos a la palabra conocer no sólo como tener la referencia de alguien. Sino apreciar en profundidad su forma de ser, de pensar, de ver el mundo, de relacionarse con los demás y sobretodo de relacionarse con el Creador. Tenemos aquí a un monarca que des-conoce todo esto. Y por todos estos motivos no ve en estos extranjeros a aquellos con quien su pueblo ha superado la hambruna y los pesares de los tiempos de crisis. Y por ello los persigue y los somete a martirios y toda clase de trabajos de opresión. Y los rechaza y procura su muerte.
¿Nos recuerda algo todo ello?
Pensemos por un instante en toda la persecución a que han sido sometidos los judíos  a lo largo de la historia. Existen personas que creen que la persecución que ha sufrido el pueblo judío es producto de no aceptar a “Jesús” como el Mesías. Pero no es eso lo que nos dicen las escrituras. Las escrituras dicen que ha sido puesto un velo sobre Judá para que ingrese la plenitud de los gentiles (los descendientes de Israel pedidos entre las naciones). ¿Dónde dice que la persecución la ha decretado YHWH por no haber aceptado a su Hijo? Es tiempo de limpiar esa mentira de las conciencias de los creyentes en Yahshúa. Esa mentira es la que el catolicismo romano impulsó desde hace siglos para envenenar las conciencias de sus feligreses y conducirlos a la persecución antisemita. La misma que usaron los cruzados y que también usó Hitler.
Pero entonces cabe la pregunta ¿Cómo llegaron los líderes religiosos de Europa y parte del mundo cristiano a perseguir al Pueblo Judío al punto de querer su exterminio o guardar silencio ante él?
Por un motivo sencillo, porque esos líderes son como el faraón que “… no conocía a José”.
Esos líderes (y muchos cristianos en la actualidad) conocen a Tsafnat Paneaj, al monigote inventado en el Vaticano. Vestido con ropas griegas y romanas, que habla latín o griego, que guarda el domingo y nace un 25 de diciembre, y que tiene una madre que se mantiene virgen aun después del parto.
Y por supuesto desconocen a José o proféticamente a Yahshúa, quien guarda el Shabbat, que vivió una vida como judío, que tuvo medio hermanos judíos nacidos de la unión sexual de Yosef y Miryam, que se desempeñó como rabino y maestro y que es el Salvador y Mashíaj y que volverá a unir a las dos Casas, Judá e Israel.
Ese mismo, a quien nosotros sí conocemos.

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