viernes, 19 de enero de 2018

Cuarta reflexión a la porción Shemot “Nombres”, Éxodo 1:1 al 6:1 Ministerio Cerca del Cielo SALTO URUGUAY

Cuarta reflexión a la porción Shemot “Nombres”, Éxodo 1:1 al 6:1 Ministerio Cerca del Cielo SALTO URUGUAY
Éxodo 4:13 “Y él dijo: ¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar.”
Luego de huir de Egipto y llegar a la tierra de Madián, sabemos que Moisés trabó relación con Reuel, príncipe de Madián y llegó  a casarse con su hija Séfora. 40 años pasaron desde su salida de Egipto, que sumados a los 40 que tenía al hacerlo nos dan a un conductor con alrededor de 80 años. En apariencia asentado en esa región y disfrutando de la vida familiar.
Ya conocemos la historia de la presencia divina en la zarza ardiente y la comisión que se le da.
Lo que en ocasiones omitimos es que cuando Moisés recibe la comisión, objeta o digamos pone distintas excusas para no hacerlo, en total 5. Si bien más adelante expondremos las excusas que él da, ahora queremos detenernos en la última, la cual puede resultar un tanto oscura o difícil de entender.
Básicamente Moisés da una alternativa a YHWH acerca de quién enviar. Y le dice que envíe al “…que debes enviar…”.
Si nos detenemos en el asunto corresponde que nos preguntemos, pero cómo ¿No lo está enviando a él, a Moisés? ¿A qué persona se refiere Moisés como que debía enviar? ¿Acaso hubo otro comisionado y por algún motivo ahora no se lo envía? ¿Es otro el que debía liberar a su Pueblo de las manos egipcias?
Mucho se ha escrito dentro del cristianismo, y por cierto páginas muy bellas y llenas de sabiduría, acerca de Moisés y cuando se quitó el calzado y la zarza ardiente. Pero es necesario que veamos algunos textos que pocas veces son explicados, de forma tal que el lector no acumule “más” de aquello que sabe, sino que nuevas chispas de sabiduría y conocimiento puedan alumbrar nuestro camino.
Comencemos por estos pasajes del evangelio:
Juan 1:45 “Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas…”
En este primer texto, Felipe nos habla de un encuentro. El hallazgo de alguien mencionado por Moisés y los profetas. Entonces corresponde que nos preguntemos ¿Dónde escribió Moisés acerca de él?
Veamos otra cita, Mateo 11: 2-3:
“Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos,  para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro?...”
Aquí hay mucho más de lo que normalmente vemos. Pensemos por un instante en Juan, este que es el llamado “el bautista”. ¿No es acaso este un pariente de Yahshúa? ¿No es este Juan, hijo de Zacarías, el que saltó en el vientre de su madre cuando su madre recibió la visita de Miryam (María)? ¿Acaso no lo conocía, si casi podríamos decir que se criaron juntos? Sin embargo su pregunta supera toda relación familiar.
Veamos ahora este pasaje de Juan 6:14, el cual surge luego de la multiplicación de los panes y los peces:
“Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo.”
Ahora un pasaje fundamental pues en él se encierra el mensaje de la revelación del Mesías a nosotros, a aquellos que no éramos Pueblo y merced a su obra hemos vuelto a serlo, Juan 4:25:
“Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas.”
Si bien podríamos aumentar las citas, el punto que queríamos destacar ya está. Y es aquello que tienen en común Felipe, Juan el bautista, aquellos que asistieron a la multiplicación milagrosa y la mujer samaritana. Todos esperaban a alguien. Pero no sólo ellos, sino que en la mente profética de Moisés también estaba el “…que debes enviar…”.
Entonces es importante ahora ver de dónde han sacado, todos los nombrados (excepto Moisés por supuesto) que Moisés profetizó la llegada del Ungido.
Saltemos al rollo de Deuteronomio 18:15 y 18-19:
“Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará YHWH tu Elohim; a él oiréis;…”
y
“Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.
Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.”
Esta era la expectativa que todos los nombrados tenían en sus corazones. Este es el sueño de redención que albergaban y el cual les era enseñado de niños. De este versículo tenían la certeza de la visita del Mashíaj de Israel

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