Porción de la Instrucción llamada “Al final” “Al cabo”
(Miketz) Génesis 41: 1 al 44:17 - Ministerio Cerca del Cielo
Tercera
reflexión
Porción de la Instrucción llamada “Al final” “Al cabo”
(Miketz) Génesis 41: 1 al 44:17 - Ministerio Cerca del Cielo
Tercera
reflexión
Habíamos
quedado en la reflexión anterior con la expectativa de las palabras del copero
llamado Merod. Luego de recordar al faraón la situación que había sufrido dos
años atrás cuando estuvo en la cárcel. Dice las siguientes palabras, Génesis
41:12:
“Estaba
allí con nosotros un joven hebreo, siervo del capitán de la guardia; y se lo
contamos, y él nos interpretó nuestros sueños, y declaró a cada uno conforme a
su sueño. “
Quizás no
tomamos muy en cuenta esta presentación del copero, pero las palabras que dice
son muy significativas. Y detrás de ellas también hay intenciones.
Pensemos
por un instante que todo el reino se ha visto convulsionado por el sueño del
mandamás, incluso vidas se ha cobrado y ahora el copero, quizás temiendo
también que su vida o su situación corriese peligro entiende que puede tener la solución. Como escribí, a veces no
nos damos cuenta. Pero, aun cuando sabemos que nos es cierto, los egipcios ven
en el faraón a un semidios enojado y cuya ira puede desembocar en cualquier
cosa.
Por
supuesto que también Merod puede entrever que si su recomendado tiene éxito, él
también tendrá beneficios.
Al exponer
esas palabras como escribí, marca líneas divisorias, será interesante que las
analicemos pues también tenemos mensajes importantes para nuestra Fe.
En primer
lugar dice “…un joven…”, detrás de estas palabras está la opinión de que aun cuando su palabra
de interpretación sea veraz, es como si dijese “no se olvide que es tan sólo
una persona de poca edad”. Quien aún no conoce las vicisitudes de la vida como
para tener en sus manos los destinos del reino (lo cual sí ocurrirá).
Pero como
si esto fuera poco le agrega la nacionalidad, “…un joven…hebreo,…”. Como muchas
veces perdemos el contexto en el cual se desenvuelven las cosas, perdemos también
la dimensión de lo que se nos está diciendo.
Imaginemos
por un instante que esta situación la está viviendo, por ejemplo, el Presidente de los EEUU, que
ha buscado consejo en cuanto sabio y entendido en su país hubiere. Y el mozo
que a diario le trae el almuerzo le dice que
la respuesta Ud. La puede tener en “…un joven…mexicano…”. O pensando en la Primer Ministro alemana se
le dice que la respuesta al destino de su país la tiene en “…un
joven…filipino…”. Creo que con estos ejemplos percibimos mejor el alcance de
las palabras.
Dentro de
la cultura egipcia de la época el contacto con los hebreos era muy restringido.
Pues ni aun comían juntos lo cual era una aberración para los egipcios.
Profundicemos
un poco más, ¿Alcanza con lo dicho? No
¿Dónde conoció
el copero a José?
Dice
“…Estaba allí con nosotros…” . O sea, para colmo de males, hebreo, joven y …
encima preso. Pues previo a ello el copero se encargó de recordar al faraón que
se encontraba en la cárcel.
Volvamos al
ejemplo, al Presidente de los EEUU se le dice “…un joven…mexicano…que conocí en
la cárcel…”
¿Hay algo
más? Sí, el status como persona que tiene José. Pues el copero aclara:
“… siervo
del capitán de la guardia…” . Como broche de oro para cerrar la calificación de
José se deja bien establecido que no se trata de un hombre libre, sino de un
esclavo al servicio del capitán de la guardia.
Permítaseme
la licencia de completar mi ejemplo.
Al
Presidente de los EEUU, el mozo que le sirve el café le dice que la respuesta a
su problema, la cual no ha encontrado en ninguno de sus científicos y
políticos, la tiene un joven mexicano, que conoció en la cárcel. Donde todavía
está porque es esclavo del carcelero.
Aun con
este cuadro de situación, el faraón en la desesperación de salvar su reino,
omite todas estas contras y convoca a José.
Es
necesario ahora que reflexionemos un poco en estas cosas. Pues en cada una de
ellas está presente la condición humana. Esa que a veces se presenta como un
limitante para nuestras vidas en el servicio a Elohim.
Tendemos a
mirarnos y a ser mirados por los demás con un juicio netamente humano,
despojado del conocimiento de los planes de Elohim.
Uno de los
limitantes que vemos en nuestras vidas es la edad. Nunca es la correcta. Cuando
somos jóvenes, es la juventud y falta de experiencia la que pareciera
limitarnos. Cuando somos adultos, la edad tampoco es la correcta, pues las
necesidades de la vida, el trabajo, el sostenimiento o la atención del hogar,
se transforman en obstáculos para la concreción de los sueños de vida. Cuando
pasamos a la ancianidad, la vejez se trasforma en el nuevo obstáculo. Y resulta
que tampoco es la edad correcta. Finalmente cuando descendemos al descanso,
ahora sí que la edad no es la correcta. Será entonces acaso que “no hay una
edad correcta”. Esta limitante del mundo, en nuestro hermano José no significó
nada.
Otra de las
limitaciones auto impuestas ocurre cuando pensamos en nuestro status, nuestra
condición frente a las personas. Si somos jefe o empleado, si somos
cuentapropistas o trabajamos bajo patrón, si somos empresarios o empleados, si
tenemos trabajo o estamos desocupados. Si trabajamos 8, 10, 12 horas o todo el
día. Si somos “siervos” o “señores”.
A veces
será el lugar donde hemos nacido o criado. El país del cual venimos o en el cual
estamos. Nos auto limitamos. “Ah si hubiera nacido en …” ahí sí que podría
compartir la Palabra de YHWH. O si “fuese de la provincia… ahí sí me
escucharían…”. Nunca se es del lugar correcto.
Los
“hubiera” o “hubiese” no existen. Sólo la realidad pasada y presente. La cual
Elohim en su infinita misericordia ha permitido que tengamos en nuestro
patrimonio personal para poder desarrollar todo el potencial que YHWH ha puesto
en nosotros.
Pues no se
trata de si somos ricos o pobres, altos o bajos, patrones u operarios; se trata
de que su Instrucción (su Toráh) es válida para todos los seres humanos y todos
los seres humanos tienen la obligación de vivirla en sus vidas.
Una vez,
una amiga me envió un cartelito que decía: Pedro era violento, Mateo recaudaba
impuestos, Pablo era fariseo y Lázaro estaba muerto…y Usted qué excusas tiene para no servir a Elohim.”

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