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lunes, 19 de enero de 2015

MENSAJE Si te caes levantate, puedes hacerlo ahora - Presidente Dieter F. Uchtdorf - Conferencia Otc.2013

  MENSAJE Si te caes levantate, puedes hacerlo ahora - Presidente Dieter F. Uchtdorf
                              Presidente Dieter F. Uchtdorf
      SI TE CAES LEVANTATE HERMANO O LO QUE ES MEJOR ARRODILLATE A TU CREADOR NUESTRO PAPA CELESTIAL Y EL LES DARA LA FUERZA QUE NECESITAS.
EL SAVE DE TODAS LAS COSAS QUE TIENES NECESIDAD ANTES DE QUE SE LO PIDAS,PERO SE HUMILDE Y PIDESELO Y EL TE LO DARA
MENSAJE Si te caes levantate, puedes hacerlo ahora -

jueves, 25 de diciembre de 2014

JESUCRISTO ES LA DADIVA EN ESTA NAVIDAD

  1. el        e                  JESUCRISTO es la dadiva de la navidad el verdadero motivo de la fecha 24 de diciembre se celebra el naciemiento del salvador en todo el mundo a veces por desconocimiento aspiramos a otras cosas pasajeras como lo de papa noel regalos,bebidas y muchas comidas todo por medios comerciales y no conocemos el verdadero significado.
  2. la palabra dice q mucha gente muere por falta de conocimiento,del padre que tenemos nuestro padre celestial,el rey del universo el q todo lo puede solo debemos obedecerle y tener comunion con el siempre no solo cuando necesitamos.siempre siempre

martes, 23 de septiembre de 2014

Dr. Charles Stanley NUESTRO DIOS DE LAS PROMESAS

Dr. Charles Stanley NUESTRO DIOS DE LAS PROMESAS (Predica en Español en Contacto) Predicas completas

 

                 todas las respuestas y mas sobre muchos temas de la vida cotidiana o vida diaria de cada uno basado en las escrituras y bien esplicado.
varios videos sobre temas varios espero los difruten no se de que iglesia es pero me gusto mucho esta predica por ese motivo la comparto con ustedes y doy gracias a quien la ha publicado en youtube

NUESTRO DIOS DE LAS PROMESAS 

CONFIANZA EN CRISTO QUE ES EL CAMINO AL PADRE

martes, 8 de julio de 2014

Llegar a ser perfectos en Cristo

Llegar a ser perfectos en Cristo


Gerrit W. Gong
El comprender el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos puede librar de las expectativas incorrectas y falsas que nosotros mismos nos imponemos de lo que es la perfección.

Luz del mundo, por Howard Lyon, prohibida su reproducción.
Con nuestros hijos cantamos: “Yo siento Su amor, que me infunde calma”1.
Su amor expiatorio, dado sin reserva, es como “leche y miel sin dinero y sin precio” (2 Nefi 26:25). Por ser infinita y eterna (véase Alma 34:10), la Expiación nos invita a “[venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él” (Moroni 10:32).
El comprender el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos puede librar de las expectativas incorrectas y falsas que nosotros mismos nos imponemos de lo que es la perfección. Ese entendimiento nos permite despojarnos de los temores de que somos imperfectos: temores de que cometemos errores, temores de que no somos lo suficientemente buenos, temores de que somos un fracaso comparado con los demás, temores de que no estamos haciendo lo suficiente para merecer Su amor.
El amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos sirve para que seamos más tolerantes y menos críticos de los demás y de nosotros mismos. Ese amor reconcilia nuestras relaciones y nos brinda oportunidades de amar, comprender y prestar servicio a la manera del Salvador.
Su amor expiatorio cambia el concepto que tenemos de la perfección. Podemos depositar nuestra confianza en Él, guardar diligentemente Sus mandamientos y seguir adelante con fe (véase Mosíah 4:6), al mismo tiempo que sentimos mayor humildad, gratitud y dependencia en Sus méritos, misericordia y gracia (véase 2 Nefi 2:8).
En un sentido más amplio, el venir a Cristo y ser perfeccionados en Él coloca la perfección dentro del trayecto eterno de nuestro espíritu y cuerpo o, básicamente, en el trayecto eterno de nuestra alma (véase D. y C. 88:15). El llegar a ser perfectos es el resultado de nuestra travesía por la vida, la muerte y la resurrección físicas, cuando todas las cosas son restablecidas “a su propia y perfecta forma” (Alma 40:23); incluye el proceso del nacimiento espiritual, el cual ocasiona “un potente cambio” en nuestro corazón y disposición (Mosíah 5:2); refleja el refinamiento de toda nuestra vida mediante el servicio semejante al de Cristo y la obediencia a los mandamientos del Salvador y a nuestros convenios; y reconoce la relación que existe entre los vivos y los muertos, que es necesaria para llegar a la perfección (véase D. y C. 128:18).
No obstante, la palabra perfección a veces se malinterpreta, pensando que significa no cometer nunca un error. Quizás ustedes o alguien a quien conozcan estén esforzándose por ser perfectos de esa manera. Debido a que ese tipo de perfección siempre parece inalcanzable, incluso después de realizar nuestros mejores esfuerzos, podemos sentirnos intranquilos, desanimados o exhaustos. Tratamos infructuosamente de controlar nuestras circunstancias y a las personas que nos rodean; nos preocupamos demasiado por las debilidades humanas y los errores; y de hecho, cuanto más nos esforzamos, más alejados nos sentimos de la perfección que procuramos.
A continuación, intento profundizar nuestro aprecio por la doctrina de la expiación de Jesucristo y por el amor y la misericordia que el Salvador nos brinda sin reservas. Los invito a aplicar su entendimiento de la doctrina de la Expiación con el fin de ayudarse a ustedes mismos y a otras personas, incluso a misioneros, estudiantes, jóvenes adultos solteros, padres, madres, cabezas de familia que estén solos o solas, y otras personas que tal vez se sientan presionadas a encontrar la perfección y a ser perfectas.

La expiación de Jesucristo

Habiendo sido preparada desde la fundación del mundo (véase Mosíah 4:6–7), la expiación de nuestro Salvador nos permite aprender, arrepentirnos y progresar por medio de nuestras propias experiencias y decisiones.
En esta probación terrenal, tanto el crecimiento espiritual gradual “línea sobre línea” (D. y C. 98:12), así como las experiencias espirituales transformadoras de un “potente cambio” de corazón (Alma 5:12, 13; Mosíah 5:2), nos ayudan a venir a Cristo y a ser perfeccionados en Él. La conocida frase “perseverar hasta el fin” nos recuerda que el progreso eterno muchas veces implica tiempo, así como un proceso.
En el último capítulo del Libro de Mormón, el gran profeta Moroni nos enseña la manera de venir a Cristo y ser perfeccionados en Él. Nos “[abstenemos] de toda impiedad”; amamos “a Dios con toda [nuestra] alma, mente y fuerza”; entonces, Su gracia nos es suficiente “para que por su gracia [seamos] perfectos en Cristo”, lo cual “está en el convenio del Padre para remisión de [nuestros] pecados”, para que podamos “[llegar] a ser santos, sin mancha” (Moroni 10:32, 33).
En última instancia, es el “gran y postrer sacrificio” del Salvador lo que trae la “misericordia, que [sobrepuja] a la justicia y [provee] a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento” (Alma 34:14, 15). De hecho, nuestra “fe para arrepentimiento” es esencial para que vengamos a Cristo, seamos perfeccionados en Él y disfrutemos las bendiciones del “gran y eterno plan de redención” (Alma 34:16).
El aceptar plenamente la expiación de nuestro Salvador puede aumentar nuestra fe y darnos el valor para despojarnos de las expectativas restringentes de que, de algún modo, es necesario que seamos perfectos o que hagamos las cosas de manera perfecta. Una manera rígida de pensar afirma que todo es absolutamente perfecto o irremediablemente imperfecto; pero, como hijos e hijas de Dios, podemos aceptar agradecidos que somos Su creación suprema (véanse Salmos 8:3–6; Hebreos 2:7), a pesar de que aún seamos una creación en proceso de desarrollo.
Al entender el amor expiatorio que nuestro Salvador da sin reserva, dejamos de temer que Él sea un juez severo y crítico; más bien, sentimos seguridad: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17); comprendemos que para progresar se necesita tiempo y que es un proceso (véase Moisés 7:21).

Nuestro ejemplo perfecto

Únicamente nuestro Salvador vivió una vida perfecta, e incluso Él aprendió y progresó en la experiencia terrenal. Ciertamente, “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13).
A través de la experiencia terrenal, Él aprendió a tomar “[nuestras] enfermedades… sobre sí… a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo” (Alma 7:12). Él no cedió a las tentaciones, pecados o presiones cotidianas, sino que descendió por debajo de todas las pruebas y los retos de la vida terrenal (véase D. y C. 122:8).
En el sermón del Monte, el Salvador nos manda: “Sed, pues, vosotros perfectos” (Mateo 5:48). La palabra griega para perfecto se puede traducir como “completo, íntegro y plenamente desarrollado” (en la nota b al pie de página de Mateo 5:48). Nuestro Salvador nos pide que seamos completos, íntegros, plenamente desarrollados, a fin de ser perfeccionados en las virtudes y los atributos que Él y nuestro Padre Celestial manifiestan2.
Veamos cómo el aplicar la doctrina de la Expiación puede ayudar a aquéllos que sienten la necesidad de encontrar la perfección o de ser perfectos.

El perfeccionismo

El malentendido de lo que significa ser perfecto puede resultar en perfeccionismo, una actitud o conducta en la que el deseo admirable de ser bueno se convierte en una expectativa poco realista de ser perfectos ya. A veces, el perfeccionismo surge del sentimiento de que únicamente aquellos que son perfectos merecen que se les ame, o de que nosotros no merecemos ser felices a menos que seamos perfectos.
El perfeccionismo puede causar insomnio, ansiedad, desidia, desánimo, autojustificación y depresión. Esos sentimientos pueden desplazar la paz, el gozo y la seguridad que nuestro Salvador desea que tengamos.
Los misioneros que quieren ser perfectos ahora mismo, pueden sentir ansiedad o desánimo si el aprendizaje del idioma de la misión, el que las personas se bauticen o el recibir asignaciones de liderazgo no ocurren lo suficientemente rápido. Para los jóvenes capaces que están acostumbrados a sobresalir, quizás la misión sea el primer gran reto de su vida. No obstante, los misioneros pueden obedecer con exactitud sin ser perfectos; pueden medir su éxito principalmente por el compromiso de ayudar a las personas y a las familias “a ser miembros fieles de la Iglesia que disfruten de la presencia del Espíritu Santo”3.
Los estudiantes que inician un nuevo año escolar, especialmente los que dejan su hogar para estudiar en la universidad, sienten entusiasmo, pero también preocupación. Los becados, los atletas, los que se destacan en las artes y otros, pasan de ser una persona de mucha importancia en un grupo o una organización pequeña, a sentirse una persona común y corriente en un lugar nuevo, más grande e impredecible. Es fácil para los estudiantes que tienen tendencias perfeccionistas sentir que, no importa cuánto se esfuercen, han fracasado si no son los primeros en todo.
Tomando en cuenta las exigencias de la vida, los estudiantes pueden aprender que, a veces, está perfectamente bien esforzarse al máximo, y que no siempre es posible ser el mejor.
También imponemos expectativas de perfección en nuestros hogares. Es posible que un padre o una madre se sientan obligados a ser el cónyuge, el padre, el ama de casa o el sostén de familia perfectos, o de formar parte de una familia Santo de los Últimos Días perfecta, ya mismo.
¿Qué es lo que puede ayudar a quienes luchan con tendencias perfeccionistas? El hacerles preguntas que les brinden apoyo y que conduzcan a respuestas francas y detalladas les ayuda a saber que los amamos y aceptamos. Tales preguntas invitan a los demás a centrarse en lo positivo y nos permiten definir lo que consideramos que marcha bien. Los familiares y amigos pueden evitar hacer comparaciones que sean competitivas y, en vez de ello, brindar ánimo sinceramente.
Otra seria dimensión del perfeccionismo es esperar que los demás estén a la altura de nuestras normas poco realistas, moralistas o intolerantes. De hecho, ese tipo de comportamiento quizás obstruya o limite las bendiciones de la expiación del Salvador en nuestra vida y en la vida de los demás. Por ejemplo, los jóvenes adultos solteros tal vez hagan una lista de las cualidades que desean en un futuro cónyuge y, sin embargo, no se casen debido a las expectativas poco realistas que tengan del compañero o compañera perfectos.
Por consiguiente, una hermana quizás no esté dispuesta a considerar salir con un hermano maravilloso y digno porque éste no se ajusta a la escala perfeccionista de ella: no baila bien, no tiene pensado ser rico, no sirvió en una misión, o admite que tuvo un problema con la pornografía, algo que se resolvió mediante el arrepentimiento y el asesoramiento.
De manera similar, un hermano quizás no considere salir con una hermana maravillosa y digna que no encaje en el perfil poco realista que él tenga: no le gustan los deportes, no es presidenta de la Sociedad de Socorro, no ha ganado concursos de belleza, no tiene un minucioso presupuesto, o admite que previamente tuvo una debilidad con la Palabra de Sabiduría que ya se ha resuelto.
Por supuesto, debemos considerar las cualidades que deseamos en nosotros mismos y en un futuro cónyuge; debemos mantener nuestras más elevadas esperanzas y normas; pero, si somos humildes, nos sorprenderemos al encontrar lo bueno en los lugares menos esperados, y quizás creemos oportunidades para acercarnos a alguien que, al igual que nosotros, no es perfecto.
La fe reconoce que, mediante el arrepentimiento y el poder de la Expiación, las cosas débiles se pueden hacer fuertes y que los pecados de los cuales la persona se ha arrepentido verdaderamente son perdonados.
Los matrimonios felices no son el resultado de dos personas perfectas que intercambian votos; más bien, la devoción y el amor crecen a medida que a lo largo del trayecto dos personas imperfectas edifican, bendicen, ayudan, alientan y perdonan. En una ocasión, se le preguntó a la esposa de un profeta moderno cómo era estar casada con un profeta; sabiamente contestó que no se había casado con un profeta, sino que simplemente se había casado con un hombre que estaba totalmente dedicado a la Iglesia sin importar el llamamiento que recibiera4. En otras palabras, con el transcurso del tiempo, los esposos y las esposas progresan juntos, tanto en forma personal como en pareja.
La espera para tener el cónyuge perfecto, la educación perfecta, el trabajo perfecto o la casa perfecta será larga y solitaria. Somos sensatos si seguimos el Espíritu en las decisiones importantes de la vida y no permitimos que las dudas generadas por las exigencias perfeccionistas obstruyan nuestro progreso.
Para aquellos que quizás se sientan constantemente agobiados o preocupados, pregúntense con franqueza: “¿Defino la perfección y el éxito según las doctrinas del amor expiatorio del Salvador o de acuerdo con las normas del mundo? ¿Mido el éxito o el fracaso según la confirmación del Espíritu Santo respecto a mis deseos rectos o de acuerdo con alguna otra norma del mundo?”.
Para aquellos que se sienten física o emocionalmente agotados, empiecen a dormir y a descansar con regularidad, y tomen tiempo para comer y relajarse; reconozcan que estar ocupado no es lo mismo que ser digno, y que para ser digno no es necesaria la perfección5.
Para aquellos que tienden a ver sus propias debilidades o faltas, celebren con gratitud las cosas que hagan bien, ya sean grandes o pequeñas.
Para aquellos que temen el fracaso y que dejan las cosas para después, a veces preparándose demasiado, ¡tengan la seguridad y cobren ánimo de saber que no es necesario que se abstengan de las actividades que presentan desafíos y que pueden traerles gran progreso!
Si es necesario y apropiado, procuren asesoramiento espiritual o atención médica competente que los ayude a relajarse, a establecer maneras positivas de pensar y estructurar su vida, a disminuir conductas contraproducentes, y a experimentar y expresar más gratitud6.
La impaciencia obstruye la fe. La fe y la paciencia ayudarán a los misioneros a comprender un nuevo idioma o cultura, a los estudiantes a dominar nuevas materias, y a los jóvenes adultos solteros a empezar a entablar relaciones en vez de esperar a que todo sea perfecto. La fe y la paciencia también ayudarán a los que esperan autorizaciones para sellamientos en el templo o la restauración de las bendiciones del sacerdocio.
Al actuar y no dejar que se actúe sobre nosotros (véase 2 Nefi 2:14), podemos lograr una vida de equilibrio entre las virtudes complementarias y lograr gran parte del progreso en la vida. Éstas pueden aparecer en “una oposición”, siendo “un solo conjunto” (2 Nefi 2:11).
Por ejemplo, podemos cesar de ser ociosos (véase D. y C. 88:124) sin correr más aprisa de lo que las fuerzas nos permitan (véase Mosíah 4:27).
Podemos estar “anhelosamente consagrados a una causa buena” (D. y C. 58:27) mientras que al mismo tiempo y de vez en cuando hacemos una pausa para estar “tranquilos y [saber] que yo soy Dios” (Salmos 46:10; véase también D. y C. 101:16).
Podemos hallar nuestra vida al perderla por causa del Salvador (véase Mateo 10:39; 16:25).
Podemos no “[cansarnos] de hacer lo bueno” (D. y C. 64:33; véase también Gálatas 6:9) a la vez que tomamos el tiempo necesario para reanimarnos espiritual y físicamente.
Podemos ser alegres sin ser frívolos.
Podemos reír alegremente con alguien, pero no reírnos arrogantemente de alguien.
Nuestro Salvador y Su expiación nos invitan a “…[venir] a Cristo, y [a ser perfeccionados] en él”. Al hacerlo, Él promete que “…su gracia [nos] es suficiente, para que por su gracia [seamos] perfectos en Cristo” (Moroni 10:32).
Para aquellos que sienten el agobio de preocuparse demasiado por encontrar la perfección o por ser perfectos ahora mismo, el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos asegura:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…
“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30)7.

Llegar a ser perfectos en Cristo

Llegar a ser perfectos en Cristo


Gerrit W. Gong
El comprender el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos puede librar de las expectativas incorrectas y falsas que nosotros mismos nos imponemos de lo que es la perfección.

Luz del mundo, por Howard Lyon, prohibida su reproducción.
Con nuestros hijos cantamos: “Yo siento Su amor, que me infunde calma”1.
Su amor expiatorio, dado sin reserva, es como “leche y miel sin dinero y sin precio” (2 Nefi 26:25). Por ser infinita y eterna (véase Alma 34:10), la Expiación nos invita a “[venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él” (Moroni 10:32).
El comprender el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos puede librar de las expectativas incorrectas y falsas que nosotros mismos nos imponemos de lo que es la perfección. Ese entendimiento nos permite despojarnos de los temores de que somos imperfectos: temores de que cometemos errores, temores de que no somos lo suficientemente buenos, temores de que somos un fracaso comparado con los demás, temores de que no estamos haciendo lo suficiente para merecer Su amor.
El amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos sirve para que seamos más tolerantes y menos críticos de los demás y de nosotros mismos. Ese amor reconcilia nuestras relaciones y nos brinda oportunidades de amar, comprender y prestar servicio a la manera del Salvador.
Su amor expiatorio cambia el concepto que tenemos de la perfección. Podemos depositar nuestra confianza en Él, guardar diligentemente Sus mandamientos y seguir adelante con fe (véase Mosíah 4:6), al mismo tiempo que sentimos mayor humildad, gratitud y dependencia en Sus méritos, misericordia y gracia (véase 2 Nefi 2:8).
En un sentido más amplio, el venir a Cristo y ser perfeccionados en Él coloca la perfección dentro del trayecto eterno de nuestro espíritu y cuerpo o, básicamente, en el trayecto eterno de nuestra alma (véase D. y C. 88:15). El llegar a ser perfectos es el resultado de nuestra travesía por la vida, la muerte y la resurrección físicas, cuando todas las cosas son restablecidas “a su propia y perfecta forma” (Alma 40:23); incluye el proceso del nacimiento espiritual, el cual ocasiona “un potente cambio” en nuestro corazón y disposición (Mosíah 5:2); refleja el refinamiento de toda nuestra vida mediante el servicio semejante al de Cristo y la obediencia a los mandamientos del Salvador y a nuestros convenios; y reconoce la relación que existe entre los vivos y los muertos, que es necesaria para llegar a la perfección (véase D. y C. 128:18).
No obstante, la palabra perfección a veces se malinterpreta, pensando que significa no cometer nunca un error. Quizás ustedes o alguien a quien conozcan estén esforzándose por ser perfectos de esa manera. Debido a que ese tipo de perfección siempre parece inalcanzable, incluso después de realizar nuestros mejores esfuerzos, podemos sentirnos intranquilos, desanimados o exhaustos. Tratamos infructuosamente de controlar nuestras circunstancias y a las personas que nos rodean; nos preocupamos demasiado por las debilidades humanas y los errores; y de hecho, cuanto más nos esforzamos, más alejados nos sentimos de la perfección que procuramos.
A continuación, intento profundizar nuestro aprecio por la doctrina de la expiación de Jesucristo y por el amor y la misericordia que el Salvador nos brinda sin reservas. Los invito a aplicar su entendimiento de la doctrina de la Expiación con el fin de ayudarse a ustedes mismos y a otras personas, incluso a misioneros, estudiantes, jóvenes adultos solteros, padres, madres, cabezas de familia que estén solos o solas, y otras personas que tal vez se sientan presionadas a encontrar la perfección y a ser perfectas.

La expiación de Jesucristo

Habiendo sido preparada desde la fundación del mundo (véase Mosíah 4:6–7), la expiación de nuestro Salvador nos permite aprender, arrepentirnos y progresar por medio de nuestras propias experiencias y decisiones.
En esta probación terrenal, tanto el crecimiento espiritual gradual “línea sobre línea” (D. y C. 98:12), así como las experiencias espirituales transformadoras de un “potente cambio” de corazón (Alma 5:12, 13; Mosíah 5:2), nos ayudan a venir a Cristo y a ser perfeccionados en Él. La conocida frase “perseverar hasta el fin” nos recuerda que el progreso eterno muchas veces implica tiempo, así como un proceso.
En el último capítulo del Libro de Mormón, el gran profeta Moroni nos enseña la manera de venir a Cristo y ser perfeccionados en Él. Nos “[abstenemos] de toda impiedad”; amamos “a Dios con toda [nuestra] alma, mente y fuerza”; entonces, Su gracia nos es suficiente “para que por su gracia [seamos] perfectos en Cristo”, lo cual “está en el convenio del Padre para remisión de [nuestros] pecados”, para que podamos “[llegar] a ser santos, sin mancha” (Moroni 10:32, 33).
En última instancia, es el “gran y postrer sacrificio” del Salvador lo que trae la “misericordia, que [sobrepuja] a la justicia y [provee] a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento” (Alma 34:14, 15). De hecho, nuestra “fe para arrepentimiento” es esencial para que vengamos a Cristo, seamos perfeccionados en Él y disfrutemos las bendiciones del “gran y eterno plan de redención” (Alma 34:16).
El aceptar plenamente la expiación de nuestro Salvador puede aumentar nuestra fe y darnos el valor para despojarnos de las expectativas restringentes de que, de algún modo, es necesario que seamos perfectos o que hagamos las cosas de manera perfecta. Una manera rígida de pensar afirma que todo es absolutamente perfecto o irremediablemente imperfecto; pero, como hijos e hijas de Dios, podemos aceptar agradecidos que somos Su creación suprema (véanse Salmos 8:3–6; Hebreos 2:7), a pesar de que aún seamos una creación en proceso de desarrollo.
Al entender el amor expiatorio que nuestro Salvador da sin reserva, dejamos de temer que Él sea un juez severo y crítico; más bien, sentimos seguridad: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17); comprendemos que para progresar se necesita tiempo y que es un proceso (véase Moisés 7:21).

Nuestro ejemplo perfecto

Únicamente nuestro Salvador vivió una vida perfecta, e incluso Él aprendió y progresó en la experiencia terrenal. Ciertamente, “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13).
A través de la experiencia terrenal, Él aprendió a tomar “[nuestras] enfermedades… sobre sí… a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo” (Alma 7:12). Él no cedió a las tentaciones, pecados o presiones cotidianas, sino que descendió por debajo de todas las pruebas y los retos de la vida terrenal (véase D. y C. 122:8).
En el sermón del Monte, el Salvador nos manda: “Sed, pues, vosotros perfectos” (Mateo 5:48). La palabra griega para perfecto se puede traducir como “completo, íntegro y plenamente desarrollado” (en la nota b al pie de página de Mateo 5:48). Nuestro Salvador nos pide que seamos completos, íntegros, plenamente desarrollados, a fin de ser perfeccionados en las virtudes y los atributos que Él y nuestro Padre Celestial manifiestan2.
Veamos cómo el aplicar la doctrina de la Expiación puede ayudar a aquéllos que sienten la necesidad de encontrar la perfección o de ser perfectos.

El perfeccionismo

El malentendido de lo que significa ser perfecto puede resultar en perfeccionismo, una actitud o conducta en la que el deseo admirable de ser bueno se convierte en una expectativa poco realista de ser perfectos ya. A veces, el perfeccionismo surge del sentimiento de que únicamente aquellos que son perfectos merecen que se les ame, o de que nosotros no merecemos ser felices a menos que seamos perfectos.
El perfeccionismo puede causar insomnio, ansiedad, desidia, desánimo, autojustificación y depresión. Esos sentimientos pueden desplazar la paz, el gozo y la seguridad que nuestro Salvador desea que tengamos.
Los misioneros que quieren ser perfectos ahora mismo, pueden sentir ansiedad o desánimo si el aprendizaje del idioma de la misión, el que las personas se bauticen o el recibir asignaciones de liderazgo no ocurren lo suficientemente rápido. Para los jóvenes capaces que están acostumbrados a sobresalir, quizás la misión sea el primer gran reto de su vida. No obstante, los misioneros pueden obedecer con exactitud sin ser perfectos; pueden medir su éxito principalmente por el compromiso de ayudar a las personas y a las familias “a ser miembros fieles de la Iglesia que disfruten de la presencia del Espíritu Santo”3.
Los estudiantes que inician un nuevo año escolar, especialmente los que dejan su hogar para estudiar en la universidad, sienten entusiasmo, pero también preocupación. Los becados, los atletas, los que se destacan en las artes y otros, pasan de ser una persona de mucha importancia en un grupo o una organización pequeña, a sentirse una persona común y corriente en un lugar nuevo, más grande e impredecible. Es fácil para los estudiantes que tienen tendencias perfeccionistas sentir que, no importa cuánto se esfuercen, han fracasado si no son los primeros en todo.
Tomando en cuenta las exigencias de la vida, los estudiantes pueden aprender que, a veces, está perfectamente bien esforzarse al máximo, y que no siempre es posible ser el mejor.
También imponemos expectativas de perfección en nuestros hogares. Es posible que un padre o una madre se sientan obligados a ser el cónyuge, el padre, el ama de casa o el sostén de familia perfectos, o de formar parte de una familia Santo de los Últimos Días perfecta, ya mismo.
¿Qué es lo que puede ayudar a quienes luchan con tendencias perfeccionistas? El hacerles preguntas que les brinden apoyo y que conduzcan a respuestas francas y detalladas les ayuda a saber que los amamos y aceptamos. Tales preguntas invitan a los demás a centrarse en lo positivo y nos permiten definir lo que consideramos que marcha bien. Los familiares y amigos pueden evitar hacer comparaciones que sean competitivas y, en vez de ello, brindar ánimo sinceramente.
Otra seria dimensión del perfeccionismo es esperar que los demás estén a la altura de nuestras normas poco realistas, moralistas o intolerantes. De hecho, ese tipo de comportamiento quizás obstruya o limite las bendiciones de la expiación del Salvador en nuestra vida y en la vida de los demás. Por ejemplo, los jóvenes adultos solteros tal vez hagan una lista de las cualidades que desean en un futuro cónyuge y, sin embargo, no se casen debido a las expectativas poco realistas que tengan del compañero o compañera perfectos.
Por consiguiente, una hermana quizás no esté dispuesta a considerar salir con un hermano maravilloso y digno porque éste no se ajusta a la escala perfeccionista de ella: no baila bien, no tiene pensado ser rico, no sirvió en una misión, o admite que tuvo un problema con la pornografía, algo que se resolvió mediante el arrepentimiento y el asesoramiento.
De manera similar, un hermano quizás no considere salir con una hermana maravillosa y digna que no encaje en el perfil poco realista que él tenga: no le gustan los deportes, no es presidenta de la Sociedad de Socorro, no ha ganado concursos de belleza, no tiene un minucioso presupuesto, o admite que previamente tuvo una debilidad con la Palabra de Sabiduría que ya se ha resuelto.
Por supuesto, debemos considerar las cualidades que deseamos en nosotros mismos y en un futuro cónyuge; debemos mantener nuestras más elevadas esperanzas y normas; pero, si somos humildes, nos sorprenderemos al encontrar lo bueno en los lugares menos esperados, y quizás creemos oportunidades para acercarnos a alguien que, al igual que nosotros, no es perfecto.
La fe reconoce que, mediante el arrepentimiento y el poder de la Expiación, las cosas débiles se pueden hacer fuertes y que los pecados de los cuales la persona se ha arrepentido verdaderamente son perdonados.
Los matrimonios felices no son el resultado de dos personas perfectas que intercambian votos; más bien, la devoción y el amor crecen a medida que a lo largo del trayecto dos personas imperfectas edifican, bendicen, ayudan, alientan y perdonan. En una ocasión, se le preguntó a la esposa de un profeta moderno cómo era estar casada con un profeta; sabiamente contestó que no se había casado con un profeta, sino que simplemente se había casado con un hombre que estaba totalmente dedicado a la Iglesia sin importar el llamamiento que recibiera4. En otras palabras, con el transcurso del tiempo, los esposos y las esposas progresan juntos, tanto en forma personal como en pareja.
La espera para tener el cónyuge perfecto, la educación perfecta, el trabajo perfecto o la casa perfecta será larga y solitaria. Somos sensatos si seguimos el Espíritu en las decisiones importantes de la vida y no permitimos que las dudas generadas por las exigencias perfeccionistas obstruyan nuestro progreso.
Para aquellos que quizás se sientan constantemente agobiados o preocupados, pregúntense con franqueza: “¿Defino la perfección y el éxito según las doctrinas del amor expiatorio del Salvador o de acuerdo con las normas del mundo? ¿Mido el éxito o el fracaso según la confirmación del Espíritu Santo respecto a mis deseos rectos o de acuerdo con alguna otra norma del mundo?”.
Para aquellos que se sienten física o emocionalmente agotados, empiecen a dormir y a descansar con regularidad, y tomen tiempo para comer y relajarse; reconozcan que estar ocupado no es lo mismo que ser digno, y que para ser digno no es necesaria la perfección5.
Para aquellos que tienden a ver sus propias debilidades o faltas, celebren con gratitud las cosas que hagan bien, ya sean grandes o pequeñas.
Para aquellos que temen el fracaso y que dejan las cosas para después, a veces preparándose demasiado, ¡tengan la seguridad y cobren ánimo de saber que no es necesario que se abstengan de las actividades que presentan desafíos y que pueden traerles gran progreso!
Si es necesario y apropiado, procuren asesoramiento espiritual o atención médica competente que los ayude a relajarse, a establecer maneras positivas de pensar y estructurar su vida, a disminuir conductas contraproducentes, y a experimentar y expresar más gratitud6.
La impaciencia obstruye la fe. La fe y la paciencia ayudarán a los misioneros a comprender un nuevo idioma o cultura, a los estudiantes a dominar nuevas materias, y a los jóvenes adultos solteros a empezar a entablar relaciones en vez de esperar a que todo sea perfecto. La fe y la paciencia también ayudarán a los que esperan autorizaciones para sellamientos en el templo o la restauración de las bendiciones del sacerdocio.
Al actuar y no dejar que se actúe sobre nosotros (véase 2 Nefi 2:14), podemos lograr una vida de equilibrio entre las virtudes complementarias y lograr gran parte del progreso en la vida. Éstas pueden aparecer en “una oposición”, siendo “un solo conjunto” (2 Nefi 2:11).
Por ejemplo, podemos cesar de ser ociosos (véase D. y C. 88:124) sin correr más aprisa de lo que las fuerzas nos permitan (véase Mosíah 4:27).
Podemos estar “anhelosamente consagrados a una causa buena” (D. y C. 58:27) mientras que al mismo tiempo y de vez en cuando hacemos una pausa para estar “tranquilos y [saber] que yo soy Dios” (Salmos 46:10; véase también D. y C. 101:16).
Podemos hallar nuestra vida al perderla por causa del Salvador (véase Mateo 10:39; 16:25).
Podemos no “[cansarnos] de hacer lo bueno” (D. y C. 64:33; véase también Gálatas 6:9) a la vez que tomamos el tiempo necesario para reanimarnos espiritual y físicamente.
Podemos ser alegres sin ser frívolos.
Podemos reír alegremente con alguien, pero no reírnos arrogantemente de alguien.
Nuestro Salvador y Su expiación nos invitan a “…[venir] a Cristo, y [a ser perfeccionados] en él”. Al hacerlo, Él promete que “…su gracia [nos] es suficiente, para que por su gracia [seamos] perfectos en Cristo” (Moroni 10:32).
Para aquellos que sienten el agobio de preocuparse demasiado por encontrar la perfección o por ser perfectos ahora mismo, el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos asegura:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…
“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30)7.

martes, 1 de julio de 2014

Mensaje da el ejemplo se el ejemplo



                                                    Eres tu mormona ?
FAMILIA SANTO DE LOS ULTIMOS DIAS

Me hallaba lejos de casa asistiendo a una conferencia internacional relacionada con mi trabajo a la que asistían cientos de personas, pero yo era la única de mi localidad.
Una noche hubo una cena para todos los asistentes. Al entrar en el salón comedor, cada uno recibió cuatro boletos para usarlos en el bar para ordenar bebidas alcohólicas gratuitas. Se me ocurrió pensar lo fácil que sería para alguien que estuviese lejos de su hogar sentirse tentado por esa oportunidad, al creer que nadie llegaría a saberlo nunca. No fue más que un pensamiento pasajero y le devolví los boletos a la persona que estaba en la entrada.
Durante la cena me senté con siete desconocidos y bebí agua durante todo el tiempo que comimos, conversamos, reímos e intercambiamos información útil para nuestros empleos.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, saludé a un caballero que se había sentado a la mesa conmigo la noche anterior. Me alegró ver en su placa de identificación que era de la ciudad donde yo me había criado y en la que no había vivido desde hacía 35 años. Me había ido de allí al terminar la escuela secundaria para asistir a la universidad; luego me casé y me fui a vivir a otro sitio.
Al charlar sobre los lugares y los eventos de la comunidad que ambos conocíamos, me preguntó si aún tenía familia allí. Le contesté que no, pero que tenía muchas buenas amistades con las que seguía en contacto. Me preguntó quiénes eran y empecé a mencionarle los nombres de algunas.
Después de los primeros nombres, me detuvo y dijo: “Un momento, ¿es usted mormona? Todas las personas que ha mencionado son mormonas”.
Tras admitir que era Santo de los Últimos Días, me dijo qué buenos ciudadanos eran aquellos amigos, cómo habían servido a la comunidad y el buen ejemplo que eran para todos. Durante varios minutos compartió su admiración por la Iglesia y por mis amistades, diciéndome cómo habían abogado por el bien de la comunidad.
Al despedirnos, no pude evitar pensar en lo que habría pasado si hubiera decidido utilizar los boletos de las bebidas. Aquellas mismas personas de las que habíamos hablado me habían enseñado a escoger lo correcto. Si hubiese utilizado aquellos boletos, me habría resultado incómodo y vergonzoso admitir que era miembro de la Iglesia.
Cuán agradecida estoy por el ejemplo de aquellas amistades dignas, activas y serviciales 35 años después y a unos 3.200 km del hogar de mi juventud.

Mensaje da el ejemplo se el ejemplo



                                                    Eres tu mormona ?
FAMILIA SANTO DE LOS ULTIMOS DIAS

Me hallaba lejos de casa asistiendo a una conferencia internacional relacionada con mi trabajo a la que asistían cientos de personas, pero yo era la única de mi localidad.
Una noche hubo una cena para todos los asistentes. Al entrar en el salón comedor, cada uno recibió cuatro boletos para usarlos en el bar para ordenar bebidas alcohólicas gratuitas. Se me ocurrió pensar lo fácil que sería para alguien que estuviese lejos de su hogar sentirse tentado por esa oportunidad, al creer que nadie llegaría a saberlo nunca. No fue más que un pensamiento pasajero y le devolví los boletos a la persona que estaba en la entrada.
Durante la cena me senté con siete desconocidos y bebí agua durante todo el tiempo que comimos, conversamos, reímos e intercambiamos información útil para nuestros empleos.
A la mañana siguiente, durante el desayuno, saludé a un caballero que se había sentado a la mesa conmigo la noche anterior. Me alegró ver en su placa de identificación que era de la ciudad donde yo me había criado y en la que no había vivido desde hacía 35 años. Me había ido de allí al terminar la escuela secundaria para asistir a la universidad; luego me casé y me fui a vivir a otro sitio.
Al charlar sobre los lugares y los eventos de la comunidad que ambos conocíamos, me preguntó si aún tenía familia allí. Le contesté que no, pero que tenía muchas buenas amistades con las que seguía en contacto. Me preguntó quiénes eran y empecé a mencionarle los nombres de algunas.
Después de los primeros nombres, me detuvo y dijo: “Un momento, ¿es usted mormona? Todas las personas que ha mencionado son mormonas”.
Tras admitir que era Santo de los Últimos Días, me dijo qué buenos ciudadanos eran aquellos amigos, cómo habían servido a la comunidad y el buen ejemplo que eran para todos. Durante varios minutos compartió su admiración por la Iglesia y por mis amistades, diciéndome cómo habían abogado por el bien de la comunidad.
Al despedirnos, no pude evitar pensar en lo que habría pasado si hubiera decidido utilizar los boletos de las bebidas. Aquellas mismas personas de las que habíamos hablado me habían enseñado a escoger lo correcto. Si hubiese utilizado aquellos boletos, me habría resultado incómodo y vergonzoso admitir que era miembro de la Iglesia.
Cuán agradecida estoy por el ejemplo de aquellas amistades dignas, activas y serviciales 35 años después y a unos 3.200 km del hogar de mi juventud.

Mensaje de Samuel profeta del antiguo testamento

Profetas del Antiguo Testamento
Samuel
“Lo que le sucedió al niño Samuel, cuando respondió al llamado del Señor, siempre ha sido una inspiración para mí”. —Presidente Thomas S. Monson
Mi madre, Ana, era estéril y oró en el templo para tener un hijo, prometiendo que lo daría al Señor. Dios contestó sus oraciones y me tuvo a mí. Mientras yo aún era pequeño, me llevó al templo para que sirviera al Señor, donde el sacerdote Elí me cuidó y me enseñó.
Cuando era niño, una noche oí una voz que me llamaba por mi nombre. Tres veces fui a donde estaba Elí, pero él no me había llamado; dijo que el que me llamaba era el Señor. Seguí el consejo de Elí cuando oí mi nombre por cuarta vez y respondí: “Habla, que tu siervo escucha”. El Señor me habló, y al ir creciendo, Él estuvo conmigo y me llamó para que fuera Su profeta.
Al envejecer, nombré a mis hijos jueces sobre Israel. Mis hijos eran inicuos, de modo que los ancianos de Israel pidieron tener un rey. Advertí a la gente de los peligros de tener un rey, pero siguieron insistiendo. El Señor me mandó que “[oyera] su voz”.
El Señor me envió a Saúl, que era “joven y apuesto”, y lo ungí como “príncipe sobre [el] pueblo Israel”. Él llegó a ser su rey; sin embargo, cuando el Señor le mandó a Saúl que destruyera a los amalecitas y todo lo que poseían, él desobedeció; se quedó con los animales de los amalecitas y los ofreció como sacrificios. Le enseñé a Saúl que “el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”.
Debido a la desobediencia de Saúl, el Señor me mandó ungir a un nuevo rey de entre los hijos de Isaí. Isaí me presentó a sus siete hijos mayores, pero el Señor no había escogido a ninguno de ellos. El Señor me reveló que el hijo menor, David, debía ser el rey. Tal vez por su apariencia o estatura, los hermanos mayores de David se hayan visto más como futuros reyes; pero el Señor había elegido a ese joven pastor para dirigir a Su pueblo. De esa experiencia aprendí que “Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.

Mensaje de Samuel profeta del antiguo testamento

Profetas del Antiguo Testamento
Samuel
“Lo que le sucedió al niño Samuel, cuando respondió al llamado del Señor, siempre ha sido una inspiración para mí”. —Presidente Thomas S. Monson
Mi madre, Ana, era estéril y oró en el templo para tener un hijo, prometiendo que lo daría al Señor. Dios contestó sus oraciones y me tuvo a mí. Mientras yo aún era pequeño, me llevó al templo para que sirviera al Señor, donde el sacerdote Elí me cuidó y me enseñó.
Cuando era niño, una noche oí una voz que me llamaba por mi nombre. Tres veces fui a donde estaba Elí, pero él no me había llamado; dijo que el que me llamaba era el Señor. Seguí el consejo de Elí cuando oí mi nombre por cuarta vez y respondí: “Habla, que tu siervo escucha”. El Señor me habló, y al ir creciendo, Él estuvo conmigo y me llamó para que fuera Su profeta.
Al envejecer, nombré a mis hijos jueces sobre Israel. Mis hijos eran inicuos, de modo que los ancianos de Israel pidieron tener un rey. Advertí a la gente de los peligros de tener un rey, pero siguieron insistiendo. El Señor me mandó que “[oyera] su voz”.
El Señor me envió a Saúl, que era “joven y apuesto”, y lo ungí como “príncipe sobre [el] pueblo Israel”. Él llegó a ser su rey; sin embargo, cuando el Señor le mandó a Saúl que destruyera a los amalecitas y todo lo que poseían, él desobedeció; se quedó con los animales de los amalecitas y los ofreció como sacrificios. Le enseñé a Saúl que “el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros”.
Debido a la desobediencia de Saúl, el Señor me mandó ungir a un nuevo rey de entre los hijos de Isaí. Isaí me presentó a sus siete hijos mayores, pero el Señor no había escogido a ninguno de ellos. El Señor me reveló que el hijo menor, David, debía ser el rey. Tal vez por su apariencia o estatura, los hermanos mayores de David se hayan visto más como futuros reyes; pero el Señor había elegido a ese joven pastor para dirigir a Su pueblo. De esa experiencia aprendí que “Jehová no mira lo que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.

domingo, 8 de junio de 2014

MENSAJE

PADRE CELESTIAL,PADRE TERRENAL
ESTE VIDEO ESTA MUY BUENO PORQUE MUESTRA MUCHAS VECES LO QUE HACE UN PADRE POR SUS HIJOS Y MUCHAS VECES NO SE DAN CUENTA DE DONDE PROVIENE TODO.
SOLO DISFRUTAN Y TIENEN LA CERTEZA DE QUE ALGUIEN LOS CUIDA.
ASI TAMBIEN ES CON NUESTRO PADRE CELESTIAL SIEMPRE PIENSA EN NOSOTROS Y SAVE LO QUE NECESITAMOS Y NOS PROBEE EL DIA A DIA


martes, 3 de junio de 2014

Consejo Mision divina de nuestro salvador

Fe, Familia, Socorro
Este artículo es parte de una serie de mensajes de las maestras visitantes que presenta aspectos de la misión del Salvador.
El élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Entre los títulos más significativos que describen a Jesucristo está el de Redentor”. “…redimir significa saldar una obligación o una deuda. Redimir también puede querer decir rescatar o liberar, como cuando se paga una fianza… Cada uno de estos significados sugieren diferentes aspectos de la gran redención que realizó Jesucristo con Su expiación, la cual incluye, según el diccionario, ‘librar del pecado y sus castigos mediante un sacrificio que se realiza a favor del pecador’”.
Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, dijo: “El Padre Celestial… envió a Su Hijo Unigénito y perfecto a sufrir por nuestros pecados, nuestras penas y todo lo que parece ser injusto en nuestra vida…
“Una mujer que había pasado años de pruebas y dolor dijo a través de las lágrimas: ‘He llegado a comprender que soy como un billete viejo de 20 dólares: arrugada, hecha trizas, sucia, maltratada y marcada; pero sigo siendo un billete de 20 dólares’… Esa mujer sabe que… [Dios] la valora lo suficiente para enviar a Su Hijo para expiar por ella, de forma individual. Toda hermana en la Iglesia debe saber lo que sabe esta mujer”.
2 Nefi 2:6; Helamán 5:11–12; Moisés 1:39
El Nuevo Testamento contiene relatos sobre mujeres que ejercieron fe en Jesucristo, aprendieron y vivieron Sus enseñanzas y testificaron de Su ministerio, Sus milagros y Su majestad.
Jesús le dijo a la mujer samaritana:
“…mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.
“La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed…
“Sé que el Mesías ha de venir, el cual es llamado el Cristo; cuando él venga, nos declarará todas las cosas.
“Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo”.
Entonces ella “dejó su cántaro” y dio testimonio de Él en la ciudad (véase Juan 4:6–30).

Consejo Mision divina de nuestro salvador

Fe, Familia, Socorro
Este artículo es parte de una serie de mensajes de las maestras visitantes que presenta aspectos de la misión del Salvador.
El élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo: “Entre los títulos más significativos que describen a Jesucristo está el de Redentor”. “…redimir significa saldar una obligación o una deuda. Redimir también puede querer decir rescatar o liberar, como cuando se paga una fianza… Cada uno de estos significados sugieren diferentes aspectos de la gran redención que realizó Jesucristo con Su expiación, la cual incluye, según el diccionario, ‘librar del pecado y sus castigos mediante un sacrificio que se realiza a favor del pecador’”.
Linda K. Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, dijo: “El Padre Celestial… envió a Su Hijo Unigénito y perfecto a sufrir por nuestros pecados, nuestras penas y todo lo que parece ser injusto en nuestra vida…
“Una mujer que había pasado años de pruebas y dolor dijo a través de las lágrimas: ‘He llegado a comprender que soy como un billete viejo de 20 dólares: arrugada, hecha trizas, sucia, maltratada y marcada; pero sigo siendo un billete de 20 dólares’… Esa mujer sabe que… [Dios] la valora lo suficiente para enviar a Su Hijo para expiar por ella, de forma individual. Toda hermana en la Iglesia debe saber lo que sabe esta mujer”.
2 Nefi 2:6; Helamán 5:11–12; Moisés 1:39
El Nuevo Testamento contiene relatos sobre mujeres que ejercieron fe en Jesucristo, aprendieron y vivieron Sus enseñanzas y testificaron de Su ministerio, Sus milagros y Su majestad.
Jesús le dijo a la mujer samaritana:
“…mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.
“La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed…
“Sé que el Mesías ha de venir, el cual es llamado el Cristo; cuando él venga, nos declarará todas las cosas.
“Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo”.
Entonces ella “dejó su cántaro” y dio testimonio de Él en la ciudad (véase Juan 4:6–30).

sábado, 31 de mayo de 2014

TESTIMONIO DEL LIBRO DE MORMON

 PROFETA JOSE SMIT
TU HAZ SIDO FIEL POR CUANTO SERAS FORTALESIDO AUN HASTA SENTARTE
EN LOS LUGARES QUE HE PREPARADO EN LAS MANSIONES DE MI PADRE
POCO DESPUES LE LLEGABA EL FIN.
YO ME PREGUNTO SI EN ESE MOMENTO DONDE ELLOS SABIAN QUE LE LLEGABA
EL FIN.
MENTIRIAN SOBRE EL LIBRO DE MORMON SABIENDO QUE PRONTO IRIAN AL PADRE
A DAR CUENTA POR SUS ACCIONES





EL QUE ATESORE MI PALABRA NO SERA ENGAÑADO.
PREGUNTEN A DIOS EL ETERNO PADRE EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO
SI NO SON VERDADES ESTAS COSAS
Y EL LES RESPONDERA A TRAVES DEL ESPIRITU SANTO

TESTIMONIO DEL LIBRO DE MORMON

 PROFETA JOSE SMIT
TU HAZ SIDO FIEL POR CUANTO SERAS FORTALESIDO AUN HASTA SENTARTE
EN LOS LUGARES QUE HE PREPARADO EN LAS MANSIONES DE MI PADRE
POCO DESPUES LE LLEGABA EL FIN.
YO ME PREGUNTO SI EN ESE MOMENTO DONDE ELLOS SABIAN QUE LE LLEGABA
EL FIN.
MENTIRIAN SOBRE EL LIBRO DE MORMON SABIENDO QUE PRONTO IRIAN AL PADRE
A DAR CUENTA POR SUS ACCIONES





EL QUE ATESORE MI PALABRA NO SERA ENGAÑADO.
PREGUNTEN A DIOS EL ETERNO PADRE EN EL NOMBRE DE JESUCRISTO
SI NO SON VERDADES ESTAS COSAS
Y EL LES RESPONDERA A TRAVES DEL ESPIRITU SANTO

sábado, 24 de mayo de 2014

CONSEJOS DE UNO DE LOS DOCE APOSTOLES DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

ESTE ES UN MENSAJE DE UNO DE LOS DOCE APOSTOLES DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO.

DONDE NOS ENSEÑA A PERSEVERAR Y CONFIAR EN NUESTRO ALVADOR QUE CONFIEMOS Y NO DUDEMOS PORQUE EL SIEMPRE HA CUMPLIDO CON SU PALABRA.
NUESTRO TIEMPO NO ES EL MISMO TIEMPO DE EL ALGUNAS BENDICIONES LLEGAN ENSEGUIDA OTRAS CUESTAN UN POCO MAS EN LLEGAR PERO EL QUE ESTE EN EL EVANGELIO LLEGARAN


La Confianza En El Señor

RICHARD G. SCOTT
Of the Quorum of the Twelve Apostles


Richard G. Scott
Tenemos “la absoluta seguridad de que, cuando el Señor lo disponga, aparecerá la solución, la paz prevalecerá y el vacío se llenara”.
El no recibir la respuesta deseada a una oración ferviente y sincera es muy difícil, y mas aun, si el Señor contesta no cuando hemos pedido algo que consideramos digno y que sabemos nos daría gran gozo y felicidad. Sea el alivio de una dolencia o de la soledad, la recuperación de un hijo extraviado, la entereza frente a un impedimento o el ruego de prolongar la vida de un ser querido que se nos va, parece tan razonable y de acuerdo con nuestra felicidad recibir una respuesta favorable. Es difícil entonces comprender por que, habiendo sido siempre obedientes, el ejercer una fe sincera y profunda no nos trae el resultado deseado.
Nadie quiere pasar adversidades. Las pruebas, las desilusiones, la tristeza y el dolor surgen de dos origines que son fundamentalmente diferentes: los que quebrantan las leyes de Dios siempre las tendrán; la otra razón de la adversidad es que se cumplan los propósitos del Señor de que seamos refinados por las pruebas. Para cada uno de nosotros es esencial reconocer de cual de esos dos origines provienen nuestras tribulaciones y dificultades, puesto que la conducta a seguir para corregir la situación es muy diferente en ambos casos.
Si sufres por los descorazonadores efectos de la transgresión, te pido que reconozcas que la única senda hacia un alivio permanente de la tristeza es el arrepentimiento sincero, con el corazón quebrantado y el espíritu contrito. Date cuenta de que dependes totalmente del Señor y de la necesidad que tienes de encaminar tu vida con Sus enseñanzas; no hay ningún otro modo de lograr una paz duradera. Posponer el arrepentimiento humilde sólo demorara o impedirá que recibas el alivio. Reconoce tus errores y busca ayuda ahora; el obispo es tu amigo y tiene la autoridad para ayudarte a hallar paz de conciencia y contentamiento. Así tendrás fortaleza para arrepentirte y recibir el perdón.
Ahora deseo dar unas ideas a los que enfrentan la adversidad del otro origen, el de las pruebas que nuestro sabio Padre Celestial considera necesarias aun para los que viven dignamente y obedecen Sus mandamientos.
En el preciso momento en que todo parece ideal, a veces surgen simultáneamente múltiples dificultades. Si esas pruebas no son resultado de tu desobediencia, son evidencia de que el Señor sabe que estas preparado para progresar mas (véase Proverbios 3:1112). Entonces te da experiencias que estimulen tu progreso, tu comprensión y compasión y que te refinan para tu bienestar eterno. Llegar de donde estas adonde El quiere que estés exige un penoso esfuerzo que generalmente va acompañado de pesar y dolor.
Cuando enfrentas la adversidad, quizás tengas la propensión a hacer muchas preguntas, algunas buenas, otras no. El preguntar “¡Por que tiene que pasarme esto?,¿Por que tengo que sufrir?, ¿Que hice para merecerlo?”, te llevara a callejones sin salida. No es bueno hacer preguntas que impliquen oposición a la voluntad de Dios. Es mejor preguntarse: “¿Que debo hacer? ¿Que aprenderé con esto? ¿Que puedo cambiar? ¿A quien debo ayudar? ¿Estoy dispuesto a recordar mis muchas bendiciones en medio de la prueba?” La disposición a sacrificar los anhelos personales mas profundos sometiéndose a la voluntad de Dios es muy difícil. Pero, el pedir con real convicción: “Dame a saber tu voluntad” y “Hágase tu voluntad”, es la mejor forma de recibir la máxima ayuda de tu amoroso Padre.
Esta vida es una experiencia de profunda confianza en Jesucristo, en Sus enseñanzas y en nuestra capacidad, guiados por el Santo Espíritu, de obedecer las que nos darán felicidad ahora y una existencia eterna significativa y de supremo gozo. Confiar quiere decir obedecer voluntariamente desde el principio sin saber el fin (véase Proverbios 3:57). Para producir fruto, tu confianza en el Señor debe ser mas fuerte y duradera que la que tengas en tus propias ideas y experiencia.
Ejercer la fe es confiar en que el Señor sabe lo que hace contigo y que lo lograra por tu bien eterno aun cuando tu no entiendas cómo lo hará. Somos como infantes para comprender los asuntos eternos y el efecto que tienen en nosotros aquí, y sin embargo, a veces nos portamos como si lo supiéramos todo.
Cuando pasas una prueba para que se cumplan Sus propósitos, si confías en El, si ejerces la fe en El, El te ayudara. Lo hará paso a paso, poco a poco. La aflicción y el pesar continuaran al pasar cada fase de este proceso; si todo se resolviera después de la primera suplica, no progresarías. Tu Padre Celestial y su Amado Hijo te aman con amor perfecto, y no te exigirán pasar un solo momento mas de dificultad que los indispensables para tu beneficio o el de tus seres queridos.
Como en todo lo demás, el Maestro es nuestro ejemplo perfecto de esto también. Nadie habría podido pedir con fe mas perfecta, con mayor obediencia ni con una comprensión mas completa que El cuando le dijo a Su Padre en Getsemaní: “Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tu” (Mateo 26:39). Mas tarde, oro dos veces mas: “Padre mío, si no puede pasar de mi esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42, 44).
Cuan agradecido estoy de que el Salvador haya enseñado que debemos terminar las oraciones mas fervientes, aquellas en las que pedimos lo que es de máxima importancia para nosotros, con las palabras: “Hágase tu voluntad” (Mateo 26 42).
Tu disposición a aceptar la voluntad del Padre no cambiara lo que en Su sabiduría El haya decidido hacer, pero cambiara el efecto que esa decisión tenga en ti. La evidencia del uso apropiado del albedrío hará que Sus decisiones te brinden bendiciones mucho mayores. He aprendido que, por el deseo del Padre de vernos progresar~ nos dará impresiones suaves, casi imperceptibles, que después ampliara, si aceptamos la prueba sin quejas, para que nos iluminen dándonos una indicación muy clara de Su voluntad. Esa luz es el resultado de nuestra fe y disposición a hacer lo que El nos pida aun cuando nosotros desearíamos otra cosa.
Nuestro Padre Celestial te ha invitado a expresarle tus carencias, esperanzas y deseos; pero no debes hacerlo con la idea de negociar sino con la determinación de obedecer Su voluntad, te lleve adonde te lleve. Sus palabras: “Pedid, y recibiréis” (3 Nefi 27:29), no te aseguran que recibirás lo que quieras; pero te garantizan que, si eres digno, recibirás lo que necesites de acuerdo con el juicio de un Padre que te ama con amor perfecto y desea tu felicidad eterna aun mas que tu.
Testifico que cuando el Señor cierra una puerta muy importante, demuestra Su amor y compasión abriendo, mediante el ejercicio de nuestra fe, muchas otras que nos compensen. El coloca a tu paso haces de luz espiritual que iluminan tu camino y que surgen muchas veces después de las pruebas mas grandes como demostración de la compasión y el amor de un Padre que todo lo sabe; además, te indican la senda hacia una felicidad y comprensión mayores, fortaleciendo tu determinación de aceptar Su voluntad y obedecerla.
La fe en el Salvador y el testimonio de Sus enseñanzas son una bendición maravillosa. Muy pocos tienen esa brillante luz que los guíe. La plenitud del evangelio restaurado nos da perspectiva, propósito y comprensión, y nos permite enfrentar lo que de otro modo parecerían dificultades injustas y sin razón. Aprende esas provechosas verdades meditando sobre el Libro de Mormón y las otras Escrituras; trata de entender esas enseñanzas no solo con la mente sino también con el corazón.
La felicidad real y duradera, acompañada de la fortaleza, el valor y la capacidad de sobreponerse a las peores dificultades, se obtiene concentrando la vida en Jesucristo. La obediencia a Sus enseñanzas provee una base segura sobre la cual edificar. Pero exige esfuerzo, y no hay garantía de resultados inmediatos sino la absoluta seguridad de que, cuando el Señor lo disponga, aparecerá la solución, la paz prevalecerá y el vacío se llenara.
Hace poco, un gran líder que sufría los impedimentos físicos propios de una edad avanzada, dijo: “Me alegro de tener lo que tengo”. Es sabio abrir las ventanas a la felicidad reconociendo nuestras abundantes bendiciones.
No dejes que los pesares de la adversidad absorban tu vida por completo. Trata de entender lo que sea posible; haz lo que puedas y deja el asunto en manos del Señor por un tiempo, mientras te dedicas a dar de ti a los demás hasta que llegue el momento de ocuparte de lo tuyo otra vez.
Entiende que al mismo tiempo que enfrentas un problema que te causa tristeza puedes sentir también paz y regocijo . S i, e l dolor, la desilusión , la frustración y la angustia son actos pasajeros en el escenario de la vida; detrás de ellos puede encontrarse un fondo de paz y la seguridad de que el Padre amoroso cumplirá Sus promesas. La determinación de aceptar Su voluntad, la comprensión del plan de la felicidad, el recibir todas las ordenanzas y guardar los convenios que aseguran su cumplimiento te harán digno de esas promesas.
El plan del Señor es exaltarte para que vivas con El y recibas grandes bendiciones. Tu capacidad de madurar, de progresar, de amar y de dar de ti determinaran el tiempo que te lleve ser digno de ello. El te esta preparando para ser un dios y, aunque no entiendas por completo lo que eso significa, El lo sabe. Al confiar en El, conocer y seguir Su voluntad, recibirás bendiciones que tu mente limitada no puede comprender acá en la tierra. Tu Padre Celestial y Su Santo Hijo saben mejor que tu lo que trae felicidad. Ellos te han dado el plan de la felicidad y, al comprenderlo y seguirlo, tendrás la bendición de ser feliz. Si obedeces de buena gana, recibes y honras las ordenanzas y los convenios de ese santo plan, tendrás la satisfacción mas grande de esta vida; si, incluso momentos de maravillosa felicidad. Y te prepararas para una gloriosa eternidad con tus seres queridos que sean dignos de ese reino.
Se que estos principios de los que te he hablado son verdaderos y los he probado en el crisol de la experiencia propia. El reconocer la mano del Señor en tu vida y aceptar Su voluntad sin quejas es el comienzo, y esa decisión no eliminara las luchas que tendrás para tu progreso, pero te aseguro que es la mejor manera que existe de desarrollar fortaleza y comprensión; te librara de los callejones sin salida a los que te conduzcan tus propios pensamientos y hará que tu vida sea una experiencia fructífera y significativa, mientras que de otro modo quizás no supieras como seguir adelante (véase D. y C. 24:8).
Testifico que tienes un Padre Celestial que te ama y que el Salvador dio Su vida por tu felicidad. Yo lo conozco. El comprende todas tus necesidades. Se sin dudas que si aceptas la voluntad de Ellos sin quejas, te bendecirán y te sostendrán. En el nombre de Jesucristo. Amén.

CONSEJOS DE UNO DE LOS DOCE APOSTOLES DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

ESTE ES UN MENSAJE DE UNO DE LOS DOCE APOSTOLES DE LA IGLESIA DE JESUCRISTO.

DONDE NOS ENSEÑA A PERSEVERAR Y CONFIAR EN NUESTRO ALVADOR QUE CONFIEMOS Y NO DUDEMOS PORQUE EL SIEMPRE HA CUMPLIDO CON SU PALABRA.
NUESTRO TIEMPO NO ES EL MISMO TIEMPO DE EL ALGUNAS BENDICIONES LLEGAN ENSEGUIDA OTRAS CUESTAN UN POCO MAS EN LLEGAR PERO EL QUE ESTE EN EL EVANGELIO LLEGARAN


La Confianza En El Señor

RICHARD G. SCOTT
Of the Quorum of the Twelve Apostles


Richard G. Scott
Tenemos “la absoluta seguridad de que, cuando el Señor lo disponga, aparecerá la solución, la paz prevalecerá y el vacío se llenara”.
El no recibir la respuesta deseada a una oración ferviente y sincera es muy difícil, y mas aun, si el Señor contesta no cuando hemos pedido algo que consideramos digno y que sabemos nos daría gran gozo y felicidad. Sea el alivio de una dolencia o de la soledad, la recuperación de un hijo extraviado, la entereza frente a un impedimento o el ruego de prolongar la vida de un ser querido que se nos va, parece tan razonable y de acuerdo con nuestra felicidad recibir una respuesta favorable. Es difícil entonces comprender por que, habiendo sido siempre obedientes, el ejercer una fe sincera y profunda no nos trae el resultado deseado.
Nadie quiere pasar adversidades. Las pruebas, las desilusiones, la tristeza y el dolor surgen de dos origines que son fundamentalmente diferentes: los que quebrantan las leyes de Dios siempre las tendrán; la otra razón de la adversidad es que se cumplan los propósitos del Señor de que seamos refinados por las pruebas. Para cada uno de nosotros es esencial reconocer de cual de esos dos origines provienen nuestras tribulaciones y dificultades, puesto que la conducta a seguir para corregir la situación es muy diferente en ambos casos.
Si sufres por los descorazonadores efectos de la transgresión, te pido que reconozcas que la única senda hacia un alivio permanente de la tristeza es el arrepentimiento sincero, con el corazón quebrantado y el espíritu contrito. Date cuenta de que dependes totalmente del Señor y de la necesidad que tienes de encaminar tu vida con Sus enseñanzas; no hay ningún otro modo de lograr una paz duradera. Posponer el arrepentimiento humilde sólo demorara o impedirá que recibas el alivio. Reconoce tus errores y busca ayuda ahora; el obispo es tu amigo y tiene la autoridad para ayudarte a hallar paz de conciencia y contentamiento. Así tendrás fortaleza para arrepentirte y recibir el perdón.
Ahora deseo dar unas ideas a los que enfrentan la adversidad del otro origen, el de las pruebas que nuestro sabio Padre Celestial considera necesarias aun para los que viven dignamente y obedecen Sus mandamientos.
En el preciso momento en que todo parece ideal, a veces surgen simultáneamente múltiples dificultades. Si esas pruebas no son resultado de tu desobediencia, son evidencia de que el Señor sabe que estas preparado para progresar mas (véase Proverbios 3:1112). Entonces te da experiencias que estimulen tu progreso, tu comprensión y compasión y que te refinan para tu bienestar eterno. Llegar de donde estas adonde El quiere que estés exige un penoso esfuerzo que generalmente va acompañado de pesar y dolor.
Cuando enfrentas la adversidad, quizás tengas la propensión a hacer muchas preguntas, algunas buenas, otras no. El preguntar “¡Por que tiene que pasarme esto?,¿Por que tengo que sufrir?, ¿Que hice para merecerlo?”, te llevara a callejones sin salida. No es bueno hacer preguntas que impliquen oposición a la voluntad de Dios. Es mejor preguntarse: “¿Que debo hacer? ¿Que aprenderé con esto? ¿Que puedo cambiar? ¿A quien debo ayudar? ¿Estoy dispuesto a recordar mis muchas bendiciones en medio de la prueba?” La disposición a sacrificar los anhelos personales mas profundos sometiéndose a la voluntad de Dios es muy difícil. Pero, el pedir con real convicción: “Dame a saber tu voluntad” y “Hágase tu voluntad”, es la mejor forma de recibir la máxima ayuda de tu amoroso Padre.
Esta vida es una experiencia de profunda confianza en Jesucristo, en Sus enseñanzas y en nuestra capacidad, guiados por el Santo Espíritu, de obedecer las que nos darán felicidad ahora y una existencia eterna significativa y de supremo gozo. Confiar quiere decir obedecer voluntariamente desde el principio sin saber el fin (véase Proverbios 3:57). Para producir fruto, tu confianza en el Señor debe ser mas fuerte y duradera que la que tengas en tus propias ideas y experiencia.
Ejercer la fe es confiar en que el Señor sabe lo que hace contigo y que lo lograra por tu bien eterno aun cuando tu no entiendas cómo lo hará. Somos como infantes para comprender los asuntos eternos y el efecto que tienen en nosotros aquí, y sin embargo, a veces nos portamos como si lo supiéramos todo.
Cuando pasas una prueba para que se cumplan Sus propósitos, si confías en El, si ejerces la fe en El, El te ayudara. Lo hará paso a paso, poco a poco. La aflicción y el pesar continuaran al pasar cada fase de este proceso; si todo se resolviera después de la primera suplica, no progresarías. Tu Padre Celestial y su Amado Hijo te aman con amor perfecto, y no te exigirán pasar un solo momento mas de dificultad que los indispensables para tu beneficio o el de tus seres queridos.
Como en todo lo demás, el Maestro es nuestro ejemplo perfecto de esto también. Nadie habría podido pedir con fe mas perfecta, con mayor obediencia ni con una comprensión mas completa que El cuando le dijo a Su Padre en Getsemaní: “Padre mío, si es posible, pase de mi esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tu” (Mateo 26:39). Mas tarde, oro dos veces mas: “Padre mío, si no puede pasar de mi esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad” (Mateo 26:42, 44).
Cuan agradecido estoy de que el Salvador haya enseñado que debemos terminar las oraciones mas fervientes, aquellas en las que pedimos lo que es de máxima importancia para nosotros, con las palabras: “Hágase tu voluntad” (Mateo 26 42).
Tu disposición a aceptar la voluntad del Padre no cambiara lo que en Su sabiduría El haya decidido hacer, pero cambiara el efecto que esa decisión tenga en ti. La evidencia del uso apropiado del albedrío hará que Sus decisiones te brinden bendiciones mucho mayores. He aprendido que, por el deseo del Padre de vernos progresar~ nos dará impresiones suaves, casi imperceptibles, que después ampliara, si aceptamos la prueba sin quejas, para que nos iluminen dándonos una indicación muy clara de Su voluntad. Esa luz es el resultado de nuestra fe y disposición a hacer lo que El nos pida aun cuando nosotros desearíamos otra cosa.
Nuestro Padre Celestial te ha invitado a expresarle tus carencias, esperanzas y deseos; pero no debes hacerlo con la idea de negociar sino con la determinación de obedecer Su voluntad, te lleve adonde te lleve. Sus palabras: “Pedid, y recibiréis” (3 Nefi 27:29), no te aseguran que recibirás lo que quieras; pero te garantizan que, si eres digno, recibirás lo que necesites de acuerdo con el juicio de un Padre que te ama con amor perfecto y desea tu felicidad eterna aun mas que tu.
Testifico que cuando el Señor cierra una puerta muy importante, demuestra Su amor y compasión abriendo, mediante el ejercicio de nuestra fe, muchas otras que nos compensen. El coloca a tu paso haces de luz espiritual que iluminan tu camino y que surgen muchas veces después de las pruebas mas grandes como demostración de la compasión y el amor de un Padre que todo lo sabe; además, te indican la senda hacia una felicidad y comprensión mayores, fortaleciendo tu determinación de aceptar Su voluntad y obedecerla.
La fe en el Salvador y el testimonio de Sus enseñanzas son una bendición maravillosa. Muy pocos tienen esa brillante luz que los guíe. La plenitud del evangelio restaurado nos da perspectiva, propósito y comprensión, y nos permite enfrentar lo que de otro modo parecerían dificultades injustas y sin razón. Aprende esas provechosas verdades meditando sobre el Libro de Mormón y las otras Escrituras; trata de entender esas enseñanzas no solo con la mente sino también con el corazón.
La felicidad real y duradera, acompañada de la fortaleza, el valor y la capacidad de sobreponerse a las peores dificultades, se obtiene concentrando la vida en Jesucristo. La obediencia a Sus enseñanzas provee una base segura sobre la cual edificar. Pero exige esfuerzo, y no hay garantía de resultados inmediatos sino la absoluta seguridad de que, cuando el Señor lo disponga, aparecerá la solución, la paz prevalecerá y el vacío se llenara.
Hace poco, un gran líder que sufría los impedimentos físicos propios de una edad avanzada, dijo: “Me alegro de tener lo que tengo”. Es sabio abrir las ventanas a la felicidad reconociendo nuestras abundantes bendiciones.
No dejes que los pesares de la adversidad absorban tu vida por completo. Trata de entender lo que sea posible; haz lo que puedas y deja el asunto en manos del Señor por un tiempo, mientras te dedicas a dar de ti a los demás hasta que llegue el momento de ocuparte de lo tuyo otra vez.
Entiende que al mismo tiempo que enfrentas un problema que te causa tristeza puedes sentir también paz y regocijo . S i, e l dolor, la desilusión , la frustración y la angustia son actos pasajeros en el escenario de la vida; detrás de ellos puede encontrarse un fondo de paz y la seguridad de que el Padre amoroso cumplirá Sus promesas. La determinación de aceptar Su voluntad, la comprensión del plan de la felicidad, el recibir todas las ordenanzas y guardar los convenios que aseguran su cumplimiento te harán digno de esas promesas.
El plan del Señor es exaltarte para que vivas con El y recibas grandes bendiciones. Tu capacidad de madurar, de progresar, de amar y de dar de ti determinaran el tiempo que te lleve ser digno de ello. El te esta preparando para ser un dios y, aunque no entiendas por completo lo que eso significa, El lo sabe. Al confiar en El, conocer y seguir Su voluntad, recibirás bendiciones que tu mente limitada no puede comprender acá en la tierra. Tu Padre Celestial y Su Santo Hijo saben mejor que tu lo que trae felicidad. Ellos te han dado el plan de la felicidad y, al comprenderlo y seguirlo, tendrás la bendición de ser feliz. Si obedeces de buena gana, recibes y honras las ordenanzas y los convenios de ese santo plan, tendrás la satisfacción mas grande de esta vida; si, incluso momentos de maravillosa felicidad. Y te prepararas para una gloriosa eternidad con tus seres queridos que sean dignos de ese reino.
Se que estos principios de los que te he hablado son verdaderos y los he probado en el crisol de la experiencia propia. El reconocer la mano del Señor en tu vida y aceptar Su voluntad sin quejas es el comienzo, y esa decisión no eliminara las luchas que tendrás para tu progreso, pero te aseguro que es la mejor manera que existe de desarrollar fortaleza y comprensión; te librara de los callejones sin salida a los que te conduzcan tus propios pensamientos y hará que tu vida sea una experiencia fructífera y significativa, mientras que de otro modo quizás no supieras como seguir adelante (véase D. y C. 24:8).
Testifico que tienes un Padre Celestial que te ama y que el Salvador dio Su vida por tu felicidad. Yo lo conozco. El comprende todas tus necesidades. Se sin dudas que si aceptas la voluntad de Ellos sin quejas, te bendecirán y te sostendrán. En el nombre de Jesucristo. Amén.