Débora Miranda - Dios que Sana
musica cristiana
hermoso tema musical dios no se equivoca lo dice en este mensaje dios te sana te libera y te bendice hasta el final.
Débora Miranda - Dios que Sana
nuestro diosa es dios de confianza y esta alli donde tu lo invocas con tu oracion
esta con david cuando el gigante cayo.
estaba con moises cuando el mar se abrio.
estaba en jerico cuando el muro cayo.
dios que sana a toda la gente y rompe las cadenas y sanara tu corazon.
Débora Miranda
y estara contigo hasta el final
sábado, 23 de agosto de 2014
Débora Miranda - Dios que Sana (Español)
Débora Miranda - Dios que Sana
musica cristiana
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Débora Miranda - Dios que Sana
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Débora Miranda
y estara contigo hasta el final
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Débora Miranda
y estara contigo hasta el final
viernes, 22 de agosto de 2014
MUSICA CRISTIANA EN VIVO Patty Tamares y Egleyda Belliard
Patty Tamares y Egleyda Belliard
MUSICA CRISTIANA
HERMOSO MUSICAL EN VIVO CON PREDICA INCLUIDA PARA TODOS LOS AMIGOS EVANGELICOS A DISFRUTAR DE ELLA CON ESTOS TEMAS EN VIVO CON MUSICA CRISTIANA.
EN VIVO Patty Tamares y Egleyda Belliard
COMPARTIENDO ALABANZAS DE FE DONDE ESCUCHANDO TE LLEVAN A UN NIVEL SUPERIOR.HAY ALGUNAS COSAS Q NO COMPARTO COMO TAMPOCO CON OTRAS RELIGIONES PERO VALE LA PENA ESCUCHARLAS
EN VIVO Patty Tamares y Egleyda Belliard
MUSICA CRISTIANA
viernes, 8 de agosto de 2014
JESUSCRISTO Debemos orar a nuestro Padre Celestial
PRINCIPIOS DEL EVANGELIO
Capítulo 8: Debemos orar a nuestro Padre Celestial
¿Qué es la oración?
A los maestros: Este capítulo se organiza bajo cinco encabezamientos, cada uno de los cuales es una pregunta en cuanto a la oración. Usted puede utilizar estas preguntas como guía para su lección. Si el entorno del salón de clases es tal que se puedan tener análisis en grupos pequeños, considere dividir a los miembros de la clase en grupos de dos a cuatro integrantes y asignar a cada grupo una de las secciones del capítulo. Pida a cada grupo que lea y analice la sección asignada y que comparta experiencias personales que se relacionen con ella; luego analicen las cinco secciones todos juntos, centrándose en las preguntas que sean de mayor interés para los miembros de la clase.
Jesús enseñó: “Por tanto, siempre debéis orar al Padre en mi nombre”(3 Nefi 18:19).
La oración es una de las mayores bendiciones que tenemos mientras estamos sobre la tierra; por medio de ella podemos comunicarnos con nuestro Padre Celestial y buscar Su guía diariamente.
La oración es un diálogo franco y sincero con nuestro Padre Celestial. Debemos orar a Dios y a nadie más. No debemos orar a ningún otro ser ni cosa hecha por la mano del hombre o de Dios (véase Éxodo 20:3–5).
¿Por qué oramos?
La oración ha sido una parte importante del Evangelio desde el principio del mundo. Un ángel del Señor mandó a Adán y a Eva que se arrepintieran e invocaran a Dios en el nombre del Hijo (véase Moisés 5:8) y ese mandamiento nunca se ha revocado. La oración nos ayudará a acercarnos a Dios. Nuestras oraciones influyen en todos nuestros pensamientos, palabras y hechos.
Debemos orar para pedir la fortaleza necesaria para resistir las tentaciones de Satanás y sus seguidores (véase 3 Nefi 18:15; D. y C. 10:5); debemos orar para confesar nuestros pecados a Dios y pedirle que nos perdone (véase Alma 38:14).
Debemos orar para recibir la guía del Señor y Su ayuda en nuestro diario vivir. Debemos orar por nuestra familia y amigos, por nuestros vecinos, por nuestra cosecha y por nuestros animales, por nuestro trabajo diario y otras actividades. Debemos orar para pedir protección de nuestros enemigos (véase Alma 34:17–27).
Debemos orar para expresarle amor a nuestro Padre Celestial y para sentirnos más cerca de Él. Debemos orar a nuestro Padre para agradecerle nuestro bienestar y todo lo que nos da a diario (véase 1 Tesalonicenses 5:18). También debemos orar para pedir a nuestro Padre Celestial que nos dé la fortaleza necesaria para vivir el Evangelio.
Debemos orar con el fin de mantenernos en la senda recta y angosta que conduce a la vida eterna. Debemos orar a Dios, el autor de toda rectitud, para que seamos rectos en nuestros pensamientos, palabras y acciones.
- •¿De qué forma le ha ayudado la oración a estar más cerca de nuestro Padre Celestial?
¿Cuándo debemos orar?
Podemos orar siempre que sintamos la necesidad de comunicarnos con nuestro Padre Celestial, ya sea en silencio o en voz alta. A veces necesitamos estar a solas para poder derramar toda nuestra alma a Él (véase Mateo 6:6). Además, podemos orar durante nuestras actividades diarias, en las reuniones de la Iglesia, en casa, al caminar por un sendero o por la calle, en el trabajo, al preparar la comida, doquiera que nos encontremos sin importar lo que estemos haciendo. Podemos orar de día o de noche; cuando estemos solos o con otras personas. Podemos tener a nuestro Padre Celestial en nuestros pensamientos en todo momento (véase Alma 34:27); podemos “ora[r] siempre…” (D. y C. 10:5).
En ocasiones, quizá no sintamos deseos de orar; tal vez nos sintamos enojados, desilusionados o disgustados. Sin embargo, en esos momentos es cuando debemos hacer un esfuerzo especial por orar (véase 2 Nefi 32:8–9).
Debemos orar en privado al menos una vez por la mañana y otra por la noche. En las Escrituras se nos habla de orar por la mañana, al mediodía y al atardecer (véase Alma 34:21).
Se nos ha mandado hacer oraciones familiares para que nuestra familia sea bendecida (véase 3 Nefi 18:21). Los líderes de la Iglesia nos han aconsejado orar en familia cada mañana y cada noche.
También tenemos el privilegio de orar para agradecer y pedir una bendición por los alimentos antes de cada comida.
Iniciamos y concluimos todas las reuniones de la Iglesia con una oración; damos gracias al Señor por Sus bendiciones y pedimos Su ayuda con el fin de adorarle en una forma que sea agradable para Él.
¿Cómo debemos orar?
No importa dónde estemos, ya sea que estemos de pie o arrodillados; ya sea que oremos verbalmente o en silencio, en forma individual o a favor de un grupo, debemos siempre hacerlo con fe, “…con un corazón sincero, con verdadera intención…” (Moroni 10:4).
Al orar a nuestro Padre Celestial, debemos decirle lo que realmente sentimos en el corazón, confiar en Él, pedirle perdón, suplicarle, agradecerle y expresarle nuestro amor. No debemos repetir palabras ni frases sin sentido (véase Mateo 6:7–8). Siempre debemos pedir que se haga Su voluntad, recordando que a veces lo que deseamos no es lo mejor para nosotros (véase 3 Nefi 18:20). Al terminar la oración, debemos hacerlo en el nombre de Jesucristo (véase 3 Nefi 18:19).
¿De qué forma se contestan las oraciones?
- •¿Por qué piensa que las respuestas a las oraciones no siempre se reconocen fácilmente? ¿Por qué piensa que las respuestas a las oraciones no siempre llegan cuando las queremos o de la manera en que las queremos?
Las oraciones sinceras son siempre contestadas. A veces la respuesta es no, debido a que lo que hemos pedido no es lo mejor para nosotros; a veces la respuesta es sí, y experimentamos un sentimiento cálido y de seguridad con respecto a lo que debemos hacer (véase D. y C. 9:8–9). A veces, la respuesta es “espera un poco”. Nuestras oraciones son siempre contestadas en el momento y en la forma en que el Señor considera que son de más beneficio para nosotros.
En ocasiones, el Señor contesta nuestras oraciones por medio de otras personas, ya sea por medio de un buen amigo, nuestro cónyuge, uno de nuestros padres u otro miembro de la familia, un líder de la Iglesia o un misionero; cualquiera de esas personas puede ser inspirada a efectuar algo que sea la respuesta a nuestras oraciones. Un ejemplo de ello es la experiencia que tuvo una joven madre cuyo bebé sufrió un accidente: ella no tenía los medios para llevar a su pequeño al doctor, era nueva en el vecindario y no conocía a sus vecinos. La madre oró para pedir ayuda y, en pocos minutos, una vecina llamó a la puerta y dijo: “Tuve el impulso de venir y ver si necesitabas algo”. Entonces, la vecina ayudó a la joven madre a llevar el bebé al doctor.
Con frecuencia Dios nos da el poder para contestar nuestras propias oraciones. Cuando oramos para pedir ayuda, debemos hacer todo lo que esté a nuestro alcance para lograr lo que deseamos.
A medida que vivamos el evangelio de Jesucristo y oremos siempre, tendremos gozo y felicidad. “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones” (D. y C. 112:10).
- •¿De qué manera nuestro Padre Celestial ha contestado sus oraciones?
Pasajes adicionales de las Escrituras y otros recursos
- •Santiago 1:5 (los que debemos pedir).
- •1 Tesalonicenses 5:17; Salmos 55:17; 2 Nefi 32:9 (cuándo debemos orar).
- •Alma 34:26 (dónde debemos orar).
- •3 Nefi 19:6, 24 (cómo debemos orar).
- •D. y C. 88:63–65 (de qué forma se recibe respuesta a las oraciones).
- •Moroni 10:3–5; Alma 37:37 (las promesas de la oración).
- •Santiago 5:16 (el poder que tiene la oración de una persona recta).
- •Guía para el Estudio de las Escrituras, “Oración”, pág. 153.
viernes, 1 de agosto de 2014
JESUS El Espíritu Santo
Capítulo 7: El Espíritu Santo
Adán y Eva recibieron el Espíritu Santo
- •¿Por qué Adán y Eva necesitaban la guía del Espíritu Santo?
Después que Adán y Eva dejaron el Jardín de Edén, comenzaron a cultivar la tierra y a realizar otras tareas para su sustento. Tuvieron muchos hijos, quienes a su vez se casaron y también tuvieron hijos (véase Moisés 5:1–3). De esa forma, los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial comenzaron a partir de Su presencia y a venir a la tierra tal como se les había prometido (véase Abraham 3:24–25). Al llegar a la tierra, se borró de su memoria el recuerdo de su hogar celestial; pero nuestro Padre Celestial no les retiró Su influencia, sino que les envió al Espíritu Santo para consolar, ayudar y guiar a todos Sus hijos espirituales.
A los maestros: Al llamar a los alumnos por su nombre, ellos sabrán que son importantes para usted y que usted está interesado en ellos. Conozca sus nombres y llámelos por su nombre durante cada lección, y ayúdelos a aprender los nombres de los demás alumnos de la clase.
Adán y Eva invocaron al Padre Celestial en oración y Él les habló y les dio mandamientos, los cuales obedecieron. Un ángel del Señor vino y les enseñó el plan de salvación. El Señor envió al Espíritu Santo para que testificara acerca del Padre y del Hijo y para que les enseñara el Evangelio a Adán y a Eva (véase Moisés 5:4–9).
Por medio del poder del Espíritu Santo, Adán “…empezó a profetizar concerniente a todas las familias de la tierra, diciendo: Bendito sea el nombre de Dios, pues a causa de mi transgresión se han abierto mis ojos, y tendré gozo en esta vida, y en la carne de nuevo veré a Dios” (Moisés 5:10). Debido al testimonio que el Espíritu Santo le dio a Eva, ella dijo: “…De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad, ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes” (Moisés 5:11).
- •¿De qué manera es similar la necesidad que tenemos nosotros de tener la guía del Espíritu Santo a la necesidad que tenían Adán y Eva?
Los atributos del Espíritu Santo
- •¿En qué se diferencia el Espíritu Santo del Padre y del Hijo? ¿Por qué es esa diferencia importante para nosotros?
El Espíritu Santo es un miembro de la Trinidad (véase 1 Juan 5:7; D. y C. 20:28). Es un “…personaje de espíritu…” (D. y C. 130:22) que sólo puede estar en un lugar a la vez, pero Su influencia puede estar en todo lugar al mismo tiempo.
A nuestro Padre Celestial, Jesucristo y el Espíritu Santo se los llama la Trinidad. Ellos están unidos en propósito, y cada uno tiene una importante asignación en el plan de salvación. Nuestro Padre Celestial es nuestro Padre y gobernante; Jesucristo es nuestro Salvador y el Espíritu Santo es el revelador y el que da testimonio de toda verdad.
El Espíritu Santo es el mensajero de nuestro Padre Celestial y constituye un don especial para nosotros (véase el capítulo 21 de este libro).
La misión del Espíritu Santo
- •¿Cuáles son algunas de las verdades que el Espíritu Santo nos revela?
La misión del Espíritu Santo es dar testimonio del Padre y del Hijo, y de la verdad de todas las cosas.
El Espíritu Santo nos testificará que Jesucristo es nuestro Salvador y Redentor (véase 3 Nefi 28:11; D. y C. 20:27). Él nos revelará que nuestro Padre Celestial es el Padre de nuestros espíritus y nos ayudará a comprender que podemos llegar a ser exaltados tal como nuestro Padre Celestial (véase Romanos 8:16–17). Los profetas del Señor han prometido: “Y por el poder del Espíritu Santo podréis conocer la verdad de todas las cosas” (Moroni 10:5).
Sin el Espíritu Santo, no podríamos saber que Jesús es el Cristo. El apóstol Pablo escribió: “…nadie puede afirmar que Jesús es el Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Corintios 12:3). El Salvador mismo dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). Es por medio del poder del Espíritu Santo que se brinda la guía necesaria para comprender y vivir el evangelio de Jesucristo.
El poder convincente del Espíritu Santo es tan grande que no puede haber duda de que lo que nos revela es verdad. El presidente Joseph Fielding Smith dijo:
“Cuando una persona tiene la manifestación del Espíritu Santo, queda una indeleble impresión en su alma, una que no es fácil de borrar. Es el Espíritu que habla al espíritu, y se recibe con una fuerza convincente. Una manifestación de un ángel, o aun del Hijo de Dios mismo, impresionaría a los ojos y a la mente, y al final se iría borrando; pero las impresiones del Espíritu Santo se graban profundamente en el alma y son más difíciles de borrar” (Answers to Gospel Questions, compilación de Joseph Fielding Smith Jr., 5 tomos, 1957–1966, tomo II, pág. 151).
El presidente Smith también dijo: “Por medio del Espíritu Santo la verdad es entretejida en cada fibra y tendón del cuerpo, de manera que no puede ser olvidada” (véase Doctrina de Salvación, compilación de Bruce R. McConkie, 3 tomos, 1954–1956, tomo I, pág. 45).
Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, debemos ser dignos de recibir a este mensajero y testigo especial de nuestro Padre Celestial y de Jesucristo.
- •Piense en las ocasiones en que el Espíritu Santo le haya ayudado a que su testimonio crezca. Según sea apropiado, comparta algunas de estas experiencias con los miembros de la clase o de la familia.
Pasajes adicionales de las Escrituras
- •Moisés 5 (la historia de la familia de Adán).
- •D. y C. 130:22 (se identifica al Espíritu Santo).
- •Juan 14:26; 15:26; 16:13; Lucas 12:12; 2 Nefi 31:18; 32:5, 8; 33:1; Alma 14:11; 3 Nefi 27:20; 4 Nefi 1:48; Moroni 10:6–7; D. y C. 8:2–3; 11:12–13; 20:26 (funciones del Espíritu Santo).
domingo, 27 de julio de 2014
PELICULA EL REY DAVID
PELICULA EL REY DAVID
EL REY DAVID
La historia de David figura en la Biblia, en los Libros del profeta Samuel y en el Libro de los Salmos. David fue uno de los grandes gobernantes de Israel y padre de otro de ellos, Salomón.
DAVID SUCESOR DE SAUL
El rey Sául había pecado al desobedecer a Dios durante la batalla de Michmash, donde debía destruir a todos los enemigos amalecitas y no lo hizo. Por ello, Dios decide alejarse retirarle su bendición y envió al Samuel el profeta en busca de un nuevo «ungido», de un nuevo rey .
PELICULA EL REY DAVID
Su destino era Belén, donde vivía Isaí con sus hijos. Uno de ellos era el elegido y Samuel, como profeta, debía saber cual. Para evitar un castigo del rey Saúl, samuel se excusó alegando que viajaba para realizar un sacrificio. Una vez en casa de Isaí, el profeta conoció a siete de sus ocho hijos, pero ninguno le resultó el ungido. Cuando preguntó si faltaba alguno, Isaí llamó al más pequeño: David, y cuando el profeta lo vio, supo que era él. Allí, delante de su padre y hermanos mayores, le ungió como futuro rey de Israel.
David fue un rey de israel, sucesor del rey Saúl y el segundo del Reino de Israel, logro unificar su territorio e incluso lo expandio, de modo de comprender las ciudades de Jerusalén y Samaria, Petra, Zabah y Damasco.
EL REY DAVID
La historia de David figura en la Biblia, en los Libros del profeta Samuel y en el Libro de los Salmos. David fue uno de los grandes gobernantes de Israel y padre de otro de ellos, Salomón.
DAVID SUCESOR DE SAUL
El rey Sául había pecado al desobedecer a Dios durante la batalla de Michmash, donde debía destruir a todos los enemigos amalecitas y no lo hizo. Por ello, Dios decide alejarse retirarle su bendición y envió al Samuel el profeta en busca de un nuevo «ungido», de un nuevo rey .
PELICULA EL REY DAVID
Su destino era Belén, donde vivía Isaí con sus hijos. Uno de ellos era el elegido y Samuel, como profeta, debía saber cual. Para evitar un castigo del rey Saúl, samuel se excusó alegando que viajaba para realizar un sacrificio. Una vez en casa de Isaí, el profeta conoció a siete de sus ocho hijos, pero ninguno le resultó el ungido. Cuando preguntó si faltaba alguno, Isaí llamó al más pequeño: David, y cuando el profeta lo vio, supo que era él. Allí, delante de su padre y hermanos mayores, le ungió como futuro rey de Israel.
viernes, 25 de julio de 2014
JESUS La caída de Adán y Eva
Capítulo 6: La caída de Adán y Eva
Adán y Eva fueron los primeros en venir a la tierra
- •¿Qué evidencias nos ayudan a saber que Adán y Eva fueron espíritus valientes?
Dios preparó esta tierra a fin de que fuera un hogar para Sus hijos. Adán y Eva fueron elegidos para ser las primeras personas que viviesen en la tierra (véase Moisés 1:34; 4:26). Su participación en el plan del Padre era traer el estado mortal al mundo; ellos serían los primeros padres. (Véase D. y C. 107:54–56).
A los maestros: Emplee las preguntas que se encuentran al principio de la sección para comenzar un análisis y pida a los miembros de la clase o de la familia que consulten el texto a fin de encontrar más información. Haga uso de las preguntas al final de la sección para ayudar a los miembros de la clase o de la familia a meditar en el significado de lo que leyeron, a analizarlo y a ponerlo en práctica.
Adán y Eva se encontraban entre los hijos más nobles de nuestro Padre. En el mundo espiritual, Adán se llamaba el arcángel Miguel (véase D. y C. 27:11; Judas 1:9). Él fue escogido por nuestro Padre Celestial para dirigir a los justos en la batalla contra Satanás (véase Apocalipsis 12:7–9). Adán y Eva fueron preordenados para ser nuestros primeros padres. El Señor le prometió a Adán grandes bendiciones con estas palabras: “…Te he puesto para estar a la cabeza; multitud de naciones saldrán de ti, y tú les serás por príncipe para siempre” (D. y C. 107:55).
Eva fue “…la madre de todos los vivientes…” (Moisés 4:26). Dios unió a Adán y a Eva en matrimonio porque “…no era bueno que el hombre estuviese solo…” (Moisés 3:18; véase también 1 Corintios 11:11). Ella compartió la responsabilidad de Adán y también compartirá las bendiciones eternas de él.
- •¿Qué aprendemos del ejemplo de Adán y Eva?
El Jardín de Edén
- •¿Bajo qué condiciones vivían Adán y Eva en el Jardín de Edén?
Cuando Adán y Eva fueron colocados en el Jardín de Edén, aún no eran seres mortales; en ese estado, “…no hubieran tenido hijos…” (2 Nefi 2:23); no existía la muerte. Tenían una vida física debido a que sus espíritus estaban alojados en cuerpos físicos hechos con el polvo de la tierra (véase Moisés 6:59; Abraham 5:7), pero a la vez, poseían vida espiritual porque se encontraban en la presencia de Dios. Aún no habían elegido entre el bien y el mal.
Dios les mandó tener hijos, diciéndoles: “…Fructificad y multiplicaos, henchid la tierra y sojuzgadla; y tened dominio sobre… todo ser viviente que se mueve sobre la tierra” (Moisés 2:28). Dios les dijo que podían comer libremente de todo árbol que había en el huerto, salvo uno de ellos, el árbol de la ciencia del bien y del mal; de ese árbol, Dios dijo: “…el día en que de él comieres, de cierto morirás” (Moisés 3:17).
Satanás, que no conocía la mente de Dios, pero que intentaba destruir Su plan, se acercó a Eva en el Jardín de Edén y la tentó a comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, asegurándole que Adán y ella no morirían, sino que serían “…como dioses, conociendo el bien y el mal” (Moisés 4:11). Eva cedió a la tentación y comió del fruto. Cuando Adán supo lo que había pasado, decidió también comer del fruto. A los cambios que sufrieron Adán y Eva debido a que comieron del fruto, se les llama la Caída.
Adán y Eva fueron separados de la presencia de Dios
- •¿Qué cambios físicos y espirituales experimentaron Adán y Eva como resultado de su transgresión?
Debido a que Adán y Eva comieron del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, el Señor los expulsó del Jardín de Edén y los envió al mundo. Su condición física cambió como resultado de haber comido del fruto prohibido; y tal como Dios lo había prometido, se volvieron seres mortales. Tanto ellos como sus hijos experimentarían enfermedades, dolor y muerte física.
Debido a su transgresión, Adán y Eva sufrieron también la muerte espiritual; eso significaba que ni ellos ni sus hijos podrían caminar ni hablar cara a cara con Dios. Adán y Eva y sus hijos fueron separados de la presencia de Dios, tanto física como espiritualmente.
De la transgresión resultaron grandes bendiciones
- •¿De qué manera proporcionó la Caída oportunidades para que llegáramos a ser como nuestro Padre Celestial?
Algunas personas creen que Adán y Eva cometieron un grave pecado al comer del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal; sin embargo, las Escrituras de los últimos días nos ayudan a comprender que su Caída fue un paso necesario dentro del plan de la vida y una gran bendición para todos nosotros. Debido a la Caída, se nos ha bendecido con un cuerpo físico, con el derecho de escoger entre el bien y el mal, y con la oportunidad de obtener la vida eterna. Ninguno de esos privilegios hubieran sido nuestros si Adán y Eva hubiesen permanecido en el Jardín de Edén.
Después de la Caída, Eva dijo: “…De no haber sido por nuestra transgresión, nunca habríamos tenido posteridad [hijos], ni hubiéramos conocido jamás el bien y el mal, ni el gozo de nuestra redención, ni la vida eterna que Dios concede a todos los que son obedientes” (Moisés 5:11).
El profeta Lehi explicó:
“Pues, he aquí, si Adán no hubiese transgredido, no habría caído [expulsado de la presencia de Dios], sino que habría permanecido en el jardín de Edén. Y todas las cosas que fueron creadas habrían permanecido en el mismo estado en que se hallaban después de ser creadas…
“Y no hubieran tenido hijos; por consiguiente, habrían permanecido en un estado de inocencia, sin sentir gozo, porque no conocían la miseria; sin hacer lo bueno, porque no conocían el pecado.
“Pero he aquí, todas las cosas han sido hechas según la sabiduría de aquel que todo lo sabe.
“Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:22–25).
- •¿Por qué piensa que es importante saber en cuanto a la Caída y la influencia que ésta tiene en nosotros?
Pasajes adicionales de las Escrituras
- •1 Nefi 5:11; 2 Nefi 2:20 (Adán y Eva fueron los primeros padres, la primera familia).
- •2 Nefi 2:14–21 (la oposición y la Caída; la vida es un estado de probación).
- •2 Nefi 2:22–26 (la Caída es parte del plan de salvación
viernes, 18 de julio de 2014
JESUS Y La Creación
Capítulo 5: La Creación
El plan que Dios tiene para nosotros
- •¿Por qué fue necesario que viniéramos a la tierra?
Cuando vivíamos en calidad de hijos espirituales con nuestros Padres Celestiales, nuestro Padre Celestial nos habló del plan que tenía para que llegáramos a ser más como Él. Cuando escuchamos Su plan, nos regocijamos(véase Job 38:7). Estábamos ansiosos por tener nuevas experiencias y, para que eso sucediera, era necesario que nos alejáramos de la presencia de nuestro Padre y recibiéramos cuerpos mortales. Necesitábamos otro lugar para vivir en donde pudiéramos prepararnos para ser como Él. A nuestro nuevo hogar se le llamó tierra.
- •¿Por qué piensa que nos regocijamos cuando se nos presentó el plan de salvación?
A los maestros: Algunos miembros de la clase o de la familia quizá no se sientan cómodos al leer en voz alta. Antes de pedirles que lo hagan, quizá desee preguntar: “¿A quién le gustaría leer?”, y luego escoja a las personas que se hayan ofrecido para hacerlo.
Jesús creó la tierra
Jesucristo creó este mundo y todo lo que hay en él; también creó muchos mundos más, y lo hizo por medio del poder del sacerdocio, bajo la dirección de nuestro Padre Celestial. Dios el Padre dijo: “Y he creado incontables mundos… y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado” (Moisés 1:33). Tenemos otros testimonios de esta verdad. José Smith y Sidney Rigdon vieron a Jesucristo en una visión y testificaron “que por él, por medio de él y de él los mundos son y fueron creados, y sus habitantes son engendrados hijos e hijas para Dios” (D. y C. 76:24).
Cómo se llevó a cabo la Creación
- •¿Cuáles son los propósitos de la Creación?
La tierra y todo lo que hay en ella se creó espiritualmente antes de crearse físicamente (véase Moisés 3:5). Al planear la creación de la tierra en su estado físico, Cristo dijo a quienes se hallaban con Él: “…Descenderemos, pues hay espacio allá… y haremos una tierra sobre la cual éstos [los hijos espirituales de nuestro Padre Celestial] puedan morar” (Abraham 3:24).
Bajo la dirección del Padre, Cristo formó y organizó la tierra. Dividió la luz de las tinieblas para hacer el día y la noche. Formó el sol, la luna y las estrellas; separó las aguas de la tierra seca para formar mares, ríos y lagos. Hizo que la tierra fuera hermosa y productiva, y creó el césped, los árboles, las flores y otras plantas de todo tipo; dichas plantas contenían semillas de las cuales podrían crecer nuevas plantas. Después, creó los animales: peces, ganado, insectos y toda clase de aves. Esos animales tenían la habilidad de reproducirse según su especie.
Ahora, la tierra estaba lista para la creación más importante: el género humano. Nuestros espíritus recibirían cuerpos de carne y sangre para que pudieran vivir en la tierra. “Y yo, Dios, dije a mi Unigénito, el cual fue conmigo desde el principio: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y fue hecho…” (Moisés 2:26). Y así fueron formados el primer hombre, Adán, y la primera mujer, Eva, y se les dieron cuerpos semejantes a los de nuestros padres celestiales. “…a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27). Cuando el Señor hubo terminado Sus creaciones, se sintió complacido y supo que Su obra era buena, y descansó por un tiempo.
Las creaciones de Dios demuestran Su amor
- •¿Cómo nos demuestran las creaciones de Dios que Él nos ama?
Ahora vivimos en este hermoso mundo. Piense en el sol, que nos brinda calor y luz; en la lluvia, que hace que las plantas crezcan y que deja el ambiente limpio y fresco. Piense en lo hermoso que es escuchar el canto de un pajarillo o en la risa de un amigo, incluso en lo maravilloso que es nuestro cuerpo; la forma en la cual podemos trabajar, divertirnos y descansar. Al considerar todas esas creaciones, comenzamos a entender lo sabios, poderosos y amorosos que son Jesucristo y nuestro Padre Celestial. Ellos nos han demostrado un gran amor al proporcionarnos lo necesario para satisfacer todas nuestras necesidades.
La vida vegetal y la animal también se hicieron con el propósito de darnos gozo. El Señor dijo: “sí, todas las cosas que de la tierra salen, en su sazón, son hechas para el beneficio y el uso del hombre, tanto para agradar la vista como para alegrar el corazón; sí, para ser alimento y vestidura, para gustar y oler, para vigorizar el cuerpo y animar el alma” (D. y C. 59:18–19). A pesar de que las creaciones de Dios son muchas, Él las conoce y las ama a todas. Él dijo: “…para mí todas las cosas están contadas, porque son mías y las conozco” (Moisés 1:35).
- •¿Cuáles son algunas de las cosas que usted aprecia en cuanto a las creaciones de Dios?
Pasajes adicionales de las Escrituras
- •Génesis 1; 2:1–7; Abraham 3:22–23; 4–5; Moisés 1:27–42; 2–3 (relatos de la Creación).
- •Hebreos 1:1–3; Colosenses 1:12–17; D. y C. 38:1–3 (Jesús, el Creador).
- •D. y C. 59:18–20; Moisés 2:26–31; D. y C. 104:13–17; Mateo 6:25–26 (la Creación demuestra el amor de Dios).
domingo, 13 de julio de 2014
Nefi contesto mi pregunta
SE CONTESTO MI PREGUNTA A TRAVEZ DE LAS ESCRITURAS
Soy miembro de la Iglesia desde que nací, pero mi familia raramente asistía mientras yo crecía. A pesar de ello, siempre encontré la manera de ir a la Iglesia sola. A principios de la década de los 70, prestaba servicio como maestra de seminario en Pittsburg, Kansas, EE. UU. Cuando estudiamos el Libro de Mormón, desafié a la clase, incluyéndome a mí misma, a que leyéramos el libro completo. Un día, mientras estaba leyendo, recibí un fuerte testimonio de que es verdadero.
Unos años después, mis padres vinieron a visitarme. Mientras estaban de visita, mi padre sacó algunos temas de conversación sobre los cuales no estábamos de acuerdo y de los que yo no quería hablar con él. No obstante, él insistió, al grado de que yo estaba a punto de perder la paciencia. Me retiré por un momento y me fui a mi cuarto, donde me arrodillé y oré al Padre Celestial pidiéndole ayuda para saber cómo actuar con mi padre. La respuesta llegó como un pensamiento: el relato de Nefi cuando rompió su arco.
Busqué el relato en 1 Nefi capítulo 16. Pensé en Nefi, que fue lo suficientemente humilde como para dirigirse a su padre, quien había murmurado en contra del Señor, para preguntarle dónde debía ir a buscar alimentos (véase el versículo 23). Con eso en mente, sentí la impresión de acudir a mi padre y pedirle consejo, así como una bendición del sacerdocio.
Cuando regresé a la sala y le pedí que me diera una bendición, se sintió conmovido y comenzó a llorar. “Déjame pensarlo”, dijo.
Los próximos días, él ayunó y oró. Entonces, antes de que mi mamá y mi papá se fueran, él me dio una bendición hermosa.
Después de esa experiencia, mi padre comenzó a cambiar. Cuando se fueron de Kansas para volver a su casa, mis padres visitaron Adán-ondi-Ahmán, en Misuri, EE. UU., donde mi padre tuvo una profunda experiencia espiritual.
Al poco tiempo, mis padres se activaron en la Iglesia y llegaron a ser Santos de los Últimos Días dedicados. Durante los años siguientes, sirvieron juntos en dos misiones: una en Alemania, y la otra en la Manzana del Templo, en Salt Lake City, Utah, EE. UU. Mi padre prestaba servicio como patriarca de estaca cuando falleció en 1987.
El Señor sabía que mi padre era un buen hombre. Fue por medio del Libro de Mormón que recibí la respuesta a mi pregunta; y fue debido a que actué de acuerdo con la impresión que recibí que mi padre supo que tenía que ser un líder para nuestra familia. Esa experiencia cambió todo para nosotros.
He aprendido que el Libro de Mormón verdaderamente es otro testamento de Jesucristo y que fue escrito para nuestros días. Sé que puedo acudir a él cuando estoy desanimada o en cualquier otra situación; las respuestas están allí.
Verdaderamente, las “palabras de Cristo [nos] dirán todas las cosas que [debemos] hacer” (2 Nefi 32:3).
JESUS La libertad de escoger
Capítulo 4: La libertad de escoger
El albedrío es un principio eterno
“…podrás escoger según tu voluntad, porque te es concedido;…” (Moisés 3:17). Dios nos ha dicho por medio de Sus profetas que somos libres de escoger entre el bien y el mal. Podemos elegir la libertad y la vida eterna al seguir a Jesucristo; también somos libres para elegir el cautiverio y la muerte como resultado de seguir a Satanás (véase 2 Nefi 2:27). Al derecho de escoger entre el bien y el mal, y de actuar según nuestra voluntad se le llama albedrío. En la vida preterrenal poseíamos albedrío moral. Uno de los propósitos de la vida terrenal es demostrar qué tipo de decisiones tomaremos (véase 2 Nefi 2:15–16). Si se nos forzara a escoger lo correcto, no podríamos demostrar lo que hubiéramos elegido por nosotros mismos; además, somos más dichosos cuando tomamos nuestras propias decisiones. El albedrío fue uno de los temas principales que surgió en el concilio de los cielos, en la vida preterrenal, y fue una de las causas principales del conflicto entre los seguidores de Cristo y los seguidores de Satanás. Satanás dijo: “…Heme aquí, envíame a mí. Seré tu hijo y redimiré a todo el género humano, de modo que no se perderá ni una sola alma, y de seguro lo haré; dame, pues, tu honra” (Moisés 4:1). Al decir esto, “…se rebeló contra [Dios], y pretendió destruir el albedrío del hombre…” (Moisés 4:3). Su propuesta se rechazó y fue expulsado de los cielos junto con sus seguidores (véase D. y C. 29:36–37). El albedrío es una parte necesaria del plan de salvaciónEl albedrío hace de nuestra vida terrenal un período de probación. Cuando planeaba la creación terrenal de Sus hijos, Dios dijo: “y con esto los probaremos, para ver si harán todas las cosas que el Señor su Dios les mandare” (Abraham 3:25). Sin el don del albedrío habríamos sido incapaces de demostrarle a nuestro Padre Celestial que hubiéramos hecho todo lo que Él nos mandara. Debido a que podemos escoger, somos responsables de nuestras propias acciones (véase Helamán 14:30–31). Cuando elegimos vivir de acuerdo con el plan que Dios tiene para nosotros, nuestro albedrío se fortalece. Las decisiones correctas aumentan nuestra capacidad de tomar más decisiones correctas. Al obedecer cada uno de los mandamientos de nuestro Padre Celestial, progresamos en sabiduría y fortalecemos nuestro carácter; aumenta nuestra fe y nos resulta más fácil tomar decisiones correctas. Comenzamos a tomar decisiones cuando vivíamos en la presencia de nuestro Padre Celestial como hijos espirituales; las decisiones que allí tomamos nos hicieron dignos de venir a la tierra. Nuestro Padre Celestial desea que aumente nuestra fe, nuestro poder, nuestro conocimiento, nuestra sabiduría y toda otra cualidad positiva. Si guardamos Sus mandamientos y tomamos decisiones correctas, aprenderemos y comprenderemos; y llegaremos a ser como Él (véase D. y C. 93:28).
Para que exista el albedrío tiene que haber opciones
No podemos escoger la rectitud a menos que se nos presente la opción entre lo bueno y lo malo. Lehi, un gran profeta del Libro de Mormón, le dijo a su hijo Jacob que, a fin de que se cumpliesen los eternos propósitos de Dios debía haber “…una oposición en todas las cosas. Pues de otro modo, …no se podría llevar a efecto la rectitud ni la iniquidad, ni tampoco la santidad ni la miseria, ni el bien ni el mal…” (2 Nefi 2:11). Dios permite que Satanás se oponga a lo bueno, y dijo de él: “…hice que fuese echado abajo… “y llegó a ser Satanás, sí, el diablo, el padre de todas las mentiras, para engañar y cegar a los hombres y llevarlos cautivos según la voluntad de él, sí, a cuantos no quieran escuchar mi voz” (Moisés 4:3–4). Satanás hace todo lo que está a su alcance para destruir la obra de Dios y procura “…la miseria de todo el género humano… pues él busca que todos los hombres sean miserables como él” (2 Nefi 2:18, 27); él no nos ama ni desea nada bueno para nosotros (véase Moroni 7:17); no desea que seamos felices, sino que seamos sus esclavos, y se oculta tras sus muchos disfraces para esclavizarnos. Cuando cedemos ante las tentaciones de Satanás, limitamos nuestras opciones. El siguiente ejemplo demuestra la forma en que eso sucede. Imaginen que ven un letrero en la playa que dice: “Peligro. Remolino. Prohibido nadar en esta zona”; tal vez podríamos pensar que eso representa una restricción, pero, ¿lo es en realidad? Todavía tenemos muchas opciones: podemos ir a nadar a otro lado; somos libres de caminar por la playa y juntar caracolas de mar; somos libres de contemplar la puesta del sol y de regresar a casa. También somos libres de hacer caso omiso a la advertencia y nadar en el lugar peligroso; sin embargo, una vez que seamos atrapados por el remolino, éste nos arrastrará y tendremos muy pocas opciones; si ése fuera el caso, trataríamos de escapar o de pedir ayuda, pero es posible que terminemos ahogados. A los maestros: Un dibujo sencillo puede ayudar a los alumnos a centrar la atención. Si hablan sobre la analogía del letrero de advertencia como se presenta en este capítulo, quizá desee dibujar un letrero similar sobre la pizarra o en un pedazo grande de papel. A pesar de que somos libres de elegir nuestro curso de acción, no somos libres de escoger las consecuencias que conllevan nuestras acciones. Las consecuencias, ya sean buenas o malas, serán el resultado natural de cualquier decisión que tomemos (véase Gálatas 6:7; Apocalipsis 22:12). Nuestro Padre Celestial nos ha dicho cómo escapar del cautiverio de Satanás. Debemos estar alertas y orar siempre, y pedir a Dios que nos ayude a resistir las tentaciones de Satanás (véase 3 Nefi 18:15). Nuestro Padre Celestial no permitirá que seamos tentados más allá de nuestra capacidad para resistir (véase 1 Corintios 10:13; Alma 13:28). Los mandamientos de Dios nos guían lejos del peligro y nos conducen hacia la vida eterna. Al tomar decisiones sabias, podremos ganar la exaltación, progresar eternamente y gozar de una felicidad perfecta (véase 2 Nefi 2:27–28).
Pasajes adicionales de las Escrituras
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martes, 8 de julio de 2014
Llegar a ser perfectos en Cristo
Llegar a ser perfectos en Cristo
Por el élder Gerrit W. GongDe los Setenta
Por el élder Gerrit W. Gong
De los Setenta
El comprender el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos puede librar de las expectativas incorrectas y falsas que nosotros mismos nos imponemos de lo que es la perfección.
Luz del mundo, por Howard Lyon, prohibida su reproducción.
Con nuestros hijos cantamos: “Yo siento Su amor, que me infunde calma”1.
Su amor expiatorio, dado sin reserva, es como “leche y miel sin dinero y sin precio” (2 Nefi 26:25). Por ser infinita y eterna (véase Alma 34:10), la Expiación nos invita a “[venir] a Cristo, y [perfeccionarnos] en él” (Moroni 10:32).
El comprender el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos puede librar de las expectativas incorrectas y falsas que nosotros mismos nos imponemos de lo que es la perfección. Ese entendimiento nos permite despojarnos de los temores de que somos imperfectos: temores de que cometemos errores, temores de que no somos lo suficientemente buenos, temores de que somos un fracaso comparado con los demás, temores de que no estamos haciendo lo suficiente para merecer Su amor.
El amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos sirve para que seamos más tolerantes y menos críticos de los demás y de nosotros mismos. Ese amor reconcilia nuestras relaciones y nos brinda oportunidades de amar, comprender y prestar servicio a la manera del Salvador.
Su amor expiatorio cambia el concepto que tenemos de la perfección. Podemos depositar nuestra confianza en Él, guardar diligentemente Sus mandamientos y seguir adelante con fe (véase Mosíah 4:6), al mismo tiempo que sentimos mayor humildad, gratitud y dependencia en Sus méritos, misericordia y gracia (véase 2 Nefi 2:8).
En un sentido más amplio, el venir a Cristo y ser perfeccionados en Él coloca la perfección dentro del trayecto eterno de nuestro espíritu y cuerpo o, básicamente, en el trayecto eterno de nuestra alma (véase D. y C. 88:15). El llegar a ser perfectos es el resultado de nuestra travesía por la vida, la muerte y la resurrección físicas, cuando todas las cosas son restablecidas “a su propia y perfecta forma” (Alma 40:23); incluye el proceso del nacimiento espiritual, el cual ocasiona “un potente cambio” en nuestro corazón y disposición (Mosíah 5:2); refleja el refinamiento de toda nuestra vida mediante el servicio semejante al de Cristo y la obediencia a los mandamientos del Salvador y a nuestros convenios; y reconoce la relación que existe entre los vivos y los muertos, que es necesaria para llegar a la perfección (véase D. y C. 128:18).
No obstante, la palabra perfección a veces se malinterpreta, pensando que significa no cometer nunca un error. Quizás ustedes o alguien a quien conozcan estén esforzándose por ser perfectos de esa manera. Debido a que ese tipo de perfección siempre parece inalcanzable, incluso después de realizar nuestros mejores esfuerzos, podemos sentirnos intranquilos, desanimados o exhaustos. Tratamos infructuosamente de controlar nuestras circunstancias y a las personas que nos rodean; nos preocupamos demasiado por las debilidades humanas y los errores; y de hecho, cuanto más nos esforzamos, más alejados nos sentimos de la perfección que procuramos.
A continuación, intento profundizar nuestro aprecio por la doctrina de la expiación de Jesucristo y por el amor y la misericordia que el Salvador nos brinda sin reservas. Los invito a aplicar su entendimiento de la doctrina de la Expiación con el fin de ayudarse a ustedes mismos y a otras personas, incluso a misioneros, estudiantes, jóvenes adultos solteros, padres, madres, cabezas de familia que estén solos o solas, y otras personas que tal vez se sientan presionadas a encontrar la perfección y a ser perfectas.
La expiación de Jesucristo
Habiendo sido preparada desde la fundación del mundo (véase Mosíah 4:6–7), la expiación de nuestro Salvador nos permite aprender, arrepentirnos y progresar por medio de nuestras propias experiencias y decisiones.
En esta probación terrenal, tanto el crecimiento espiritual gradual “línea sobre línea” (D. y C. 98:12), así como las experiencias espirituales transformadoras de un “potente cambio” de corazón (Alma 5:12, 13; Mosíah 5:2), nos ayudan a venir a Cristo y a ser perfeccionados en Él. La conocida frase “perseverar hasta el fin” nos recuerda que el progreso eterno muchas veces implica tiempo, así como un proceso.
En el último capítulo del Libro de Mormón, el gran profeta Moroni nos enseña la manera de venir a Cristo y ser perfeccionados en Él. Nos “[abstenemos] de toda impiedad”; amamos “a Dios con toda [nuestra] alma, mente y fuerza”; entonces, Su gracia nos es suficiente “para que por su gracia [seamos] perfectos en Cristo”, lo cual “está en el convenio del Padre para remisión de [nuestros] pecados”, para que podamos “[llegar] a ser santos, sin mancha” (Moroni 10:32, 33).
En última instancia, es el “gran y postrer sacrificio” del Salvador lo que trae la “misericordia, que [sobrepuja] a la justicia y [provee] a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento” (Alma 34:14, 15). De hecho, nuestra “fe para arrepentimiento” es esencial para que vengamos a Cristo, seamos perfeccionados en Él y disfrutemos las bendiciones del “gran y eterno plan de redención” (Alma 34:16).
El aceptar plenamente la expiación de nuestro Salvador puede aumentar nuestra fe y darnos el valor para despojarnos de las expectativas restringentes de que, de algún modo, es necesario que seamos perfectos o que hagamos las cosas de manera perfecta. Una manera rígida de pensar afirma que todo es absolutamente perfecto o irremediablemente imperfecto; pero, como hijos e hijas de Dios, podemos aceptar agradecidos que somos Su creación suprema (véanse Salmos 8:3–6; Hebreos 2:7), a pesar de que aún seamos una creación en proceso de desarrollo.
Al entender el amor expiatorio que nuestro Salvador da sin reserva, dejamos de temer que Él sea un juez severo y crítico; más bien, sentimos seguridad: “Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él” (Juan 3:17); comprendemos que para progresar se necesita tiempo y que es un proceso (véase Moisés 7:21).
Nuestro ejemplo perfecto
Únicamente nuestro Salvador vivió una vida perfecta, e incluso Él aprendió y progresó en la experiencia terrenal. Ciertamente, “no recibió de la plenitud al principio, sino que continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13).
A través de la experiencia terrenal, Él aprendió a tomar “[nuestras] enfermedades… sobre sí… a fin de que según la carne sepa cómo socorrer a los de su pueblo” (Alma 7:12). Él no cedió a las tentaciones, pecados o presiones cotidianas, sino que descendió por debajo de todas las pruebas y los retos de la vida terrenal (véase D. y C. 122:8).
En el sermón del Monte, el Salvador nos manda: “Sed, pues, vosotros perfectos” (Mateo 5:48). La palabra griega para perfecto se puede traducir como “completo, íntegro y plenamente desarrollado” (en la nota b al pie de página de Mateo 5:48). Nuestro Salvador nos pide que seamos completos, íntegros, plenamente desarrollados, a fin de ser perfeccionados en las virtudes y los atributos que Él y nuestro Padre Celestial manifiestan2.
Veamos cómo el aplicar la doctrina de la Expiación puede ayudar a aquéllos que sienten la necesidad de encontrar la perfección o de ser perfectos.
El perfeccionismo
El malentendido de lo que significa ser perfecto puede resultar en perfeccionismo, una actitud o conducta en la que el deseo admirable de ser bueno se convierte en una expectativa poco realista de ser perfectos ya. A veces, el perfeccionismo surge del sentimiento de que únicamente aquellos que son perfectos merecen que se les ame, o de que nosotros no merecemos ser felices a menos que seamos perfectos.
El perfeccionismo puede causar insomnio, ansiedad, desidia, desánimo, autojustificación y depresión. Esos sentimientos pueden desplazar la paz, el gozo y la seguridad que nuestro Salvador desea que tengamos.
Los misioneros que quieren ser perfectos ahora mismo, pueden sentir ansiedad o desánimo si el aprendizaje del idioma de la misión, el que las personas se bauticen o el recibir asignaciones de liderazgo no ocurren lo suficientemente rápido. Para los jóvenes capaces que están acostumbrados a sobresalir, quizás la misión sea el primer gran reto de su vida. No obstante, los misioneros pueden obedecer con exactitud sin ser perfectos; pueden medir su éxito principalmente por el compromiso de ayudar a las personas y a las familias “a ser miembros fieles de la Iglesia que disfruten de la presencia del Espíritu Santo”3.
Los estudiantes que inician un nuevo año escolar, especialmente los que dejan su hogar para estudiar en la universidad, sienten entusiasmo, pero también preocupación. Los becados, los atletas, los que se destacan en las artes y otros, pasan de ser una persona de mucha importancia en un grupo o una organización pequeña, a sentirse una persona común y corriente en un lugar nuevo, más grande e impredecible. Es fácil para los estudiantes que tienen tendencias perfeccionistas sentir que, no importa cuánto se esfuercen, han fracasado si no son los primeros en todo.
Tomando en cuenta las exigencias de la vida, los estudiantes pueden aprender que, a veces, está perfectamente bien esforzarse al máximo, y que no siempre es posible ser el mejor.
También imponemos expectativas de perfección en nuestros hogares. Es posible que un padre o una madre se sientan obligados a ser el cónyuge, el padre, el ama de casa o el sostén de familia perfectos, o de formar parte de una familia Santo de los Últimos Días perfecta, ya mismo.
¿Qué es lo que puede ayudar a quienes luchan con tendencias perfeccionistas? El hacerles preguntas que les brinden apoyo y que conduzcan a respuestas francas y detalladas les ayuda a saber que los amamos y aceptamos. Tales preguntas invitan a los demás a centrarse en lo positivo y nos permiten definir lo que consideramos que marcha bien. Los familiares y amigos pueden evitar hacer comparaciones que sean competitivas y, en vez de ello, brindar ánimo sinceramente.
Otra seria dimensión del perfeccionismo es esperar que los demás estén a la altura de nuestras normas poco realistas, moralistas o intolerantes. De hecho, ese tipo de comportamiento quizás obstruya o limite las bendiciones de la expiación del Salvador en nuestra vida y en la vida de los demás. Por ejemplo, los jóvenes adultos solteros tal vez hagan una lista de las cualidades que desean en un futuro cónyuge y, sin embargo, no se casen debido a las expectativas poco realistas que tengan del compañero o compañera perfectos.
Por consiguiente, una hermana quizás no esté dispuesta a considerar salir con un hermano maravilloso y digno porque éste no se ajusta a la escala perfeccionista de ella: no baila bien, no tiene pensado ser rico, no sirvió en una misión, o admite que tuvo un problema con la pornografía, algo que se resolvió mediante el arrepentimiento y el asesoramiento.
De manera similar, un hermano quizás no considere salir con una hermana maravillosa y digna que no encaje en el perfil poco realista que él tenga: no le gustan los deportes, no es presidenta de la Sociedad de Socorro, no ha ganado concursos de belleza, no tiene un minucioso presupuesto, o admite que previamente tuvo una debilidad con la Palabra de Sabiduría que ya se ha resuelto.
Por supuesto, debemos considerar las cualidades que deseamos en nosotros mismos y en un futuro cónyuge; debemos mantener nuestras más elevadas esperanzas y normas; pero, si somos humildes, nos sorprenderemos al encontrar lo bueno en los lugares menos esperados, y quizás creemos oportunidades para acercarnos a alguien que, al igual que nosotros, no es perfecto.
La fe reconoce que, mediante el arrepentimiento y el poder de la Expiación, las cosas débiles se pueden hacer fuertes y que los pecados de los cuales la persona se ha arrepentido verdaderamente son perdonados.
Los matrimonios felices no son el resultado de dos personas perfectas que intercambian votos; más bien, la devoción y el amor crecen a medida que a lo largo del trayecto dos personas imperfectas edifican, bendicen, ayudan, alientan y perdonan. En una ocasión, se le preguntó a la esposa de un profeta moderno cómo era estar casada con un profeta; sabiamente contestó que no se había casado con un profeta, sino que simplemente se había casado con un hombre que estaba totalmente dedicado a la Iglesia sin importar el llamamiento que recibiera4. En otras palabras, con el transcurso del tiempo, los esposos y las esposas progresan juntos, tanto en forma personal como en pareja.
La espera para tener el cónyuge perfecto, la educación perfecta, el trabajo perfecto o la casa perfecta será larga y solitaria. Somos sensatos si seguimos el Espíritu en las decisiones importantes de la vida y no permitimos que las dudas generadas por las exigencias perfeccionistas obstruyan nuestro progreso.
Para aquellos que quizás se sientan constantemente agobiados o preocupados, pregúntense con franqueza: “¿Defino la perfección y el éxito según las doctrinas del amor expiatorio del Salvador o de acuerdo con las normas del mundo? ¿Mido el éxito o el fracaso según la confirmación del Espíritu Santo respecto a mis deseos rectos o de acuerdo con alguna otra norma del mundo?”.
Para aquellos que se sienten física o emocionalmente agotados, empiecen a dormir y a descansar con regularidad, y tomen tiempo para comer y relajarse; reconozcan que estar ocupado no es lo mismo que ser digno, y que para ser digno no es necesaria la perfección5.
Para aquellos que tienden a ver sus propias debilidades o faltas, celebren con gratitud las cosas que hagan bien, ya sean grandes o pequeñas.
Para aquellos que temen el fracaso y que dejan las cosas para después, a veces preparándose demasiado, ¡tengan la seguridad y cobren ánimo de saber que no es necesario que se abstengan de las actividades que presentan desafíos y que pueden traerles gran progreso!
Si es necesario y apropiado, procuren asesoramiento espiritual o atención médica competente que los ayude a relajarse, a establecer maneras positivas de pensar y estructurar su vida, a disminuir conductas contraproducentes, y a experimentar y expresar más gratitud6.
La impaciencia obstruye la fe. La fe y la paciencia ayudarán a los misioneros a comprender un nuevo idioma o cultura, a los estudiantes a dominar nuevas materias, y a los jóvenes adultos solteros a empezar a entablar relaciones en vez de esperar a que todo sea perfecto. La fe y la paciencia también ayudarán a los que esperan autorizaciones para sellamientos en el templo o la restauración de las bendiciones del sacerdocio.
Al actuar y no dejar que se actúe sobre nosotros (véase 2 Nefi 2:14), podemos lograr una vida de equilibrio entre las virtudes complementarias y lograr gran parte del progreso en la vida. Éstas pueden aparecer en “una oposición”, siendo “un solo conjunto” (2 Nefi 2:11).
Por ejemplo, podemos cesar de ser ociosos (véase D. y C. 88:124) sin correr más aprisa de lo que las fuerzas nos permitan (véase Mosíah 4:27).
Podemos estar “anhelosamente consagrados a una causa buena” (D. y C. 58:27) mientras que al mismo tiempo y de vez en cuando hacemos una pausa para estar “tranquilos y [saber] que yo soy Dios” (Salmos 46:10; véase también D. y C. 101:16).
Podemos hallar nuestra vida al perderla por causa del Salvador (véase Mateo 10:39; 16:25).
Podemos no “[cansarnos] de hacer lo bueno” (D. y C. 64:33; véase también Gálatas 6:9) a la vez que tomamos el tiempo necesario para reanimarnos espiritual y físicamente.
Podemos ser alegres sin ser frívolos.
Podemos reír alegremente con alguien, pero no reírnos arrogantemente de alguien.
Nuestro Salvador y Su expiación nos invitan a “…[venir] a Cristo, y [a ser perfeccionados] en él”. Al hacerlo, Él promete que “…su gracia [nos] es suficiente, para que por su gracia [seamos] perfectos en Cristo” (Moroni 10:32).
Para aquellos que sienten el agobio de preocuparse demasiado por encontrar la perfección o por ser perfectos ahora mismo, el amor expiatorio que el Salvador da sin reserva nos asegura:
“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar…
“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga” (Mateo 11:28–30)7.
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